1. LNE (13). El bosque prohibido


    Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... bajando, explorando con los labios, mientras ella tensaba los hombros y soltaba un suspiro teatral.
    
    —Tienes un culo espectacular —murmuró él—. Como dos planetas bien alineados. Saturno y... Saturno otra vez. Porque no hay competencia.
    
    —Genial. Astronomía de las nalgas. Siempre soñé con eso.
    
    La verdad es que su culo era de una belleza brutal: redondo, firme, con un pliegue central rosado que parecía guardar secretos antiguos. César se tomó su tiempo. Más del que ella pensaba que alguien pudiera pasar besando una zona que rara vez recibía más atención que el banco del metro. Raquel, entre suspiros nerviosos y risas contenidas, no sabía si estaba excitada o si quería salir corriendo envuelta en la sábana.
    
    Y él lo intentó. Con delicadeza. Con cuidado. Con mucha más paciencia de la que ella creía que alguien podía tener para algo así. Su dedo acariciaba su piel con lentitud circular, entre suspiros tensos y nervios agudos. Ella se relajó poco a poco, sintiendo el deseo de él, y no dijo nada cuando sintió su dedo entrar, muy despacio, a pesar del dolor que opacaba cualquier otra sensación.
    
    —Relájate… —le oyó decir.
    
    —Lo... intento.
    
    Hubo algún avance, y varios retrocesos. Él se detenía al menor gesto, a cada respiración alterada. Ella se reía entre jadeos y resoplidos, como si su propio cuerpo le estuviera jugando una broma.
    
    —Esto es como… una carrera de fondo. Tiene drama, tensión, y mucho grito interno.
    
    —Y pasión —añadió él.
    
    —Sí, bueno, de momento ...
    ... tengo más lubricante que pasión, pero te concedo el intento.
    
    El cuerpo de Raquel hablaba dos lenguas: deseo y cautela. Una la empujaba, la otra la anclaba. Pero en medio, flotaba la ternura. Eso lo sostenía todo. El dedo entrando y saliendo se sentía distinto, íntimo, algo incómodo, algo placentero, como un cosquilleo afilado a ambos lados del cristal. El dolor ya no era amenaza: era un eco.
    
    —Vale... vamos a… probar... —dijo ella al fin, con voz temblorosa y los ojos cerrados como quien se lanza de un trampolín sin saber nadar.
    
    La punta de la polla de César se apoyó, tibia y tensa, sobre su entrada.
    
    Ella tembló.
    
    Y entonces:
    
    —¡Ay! —exclamó de inmediato—. ¡¡Ayayay!! No, no, no... eso... no entra como en los vídeos…
    
    —¿Paro?
    
    —¿Tú qué crees? ¡Esto es como meter una sandía por la ranura de una tostadora!
    
    Él retrocedió, entre preocupado y divertido, y ella se giró con el rostro entre risueño y derrotado.
    
    —¿Sabes qué? Me gustas, César. Me gustas mucho. Pero si alguna vez vuelves a insinuar que esto “se relaja con el tiempo”, te clavo una cucharilla en la frente.
    
    Él asintió, solemne. Luego se echó a reír. Y ella también.
    
    —Quizá algún día lo logremos. Pero hoy... necesito helado.
    
    —Y un beso aquí —dijo él, besándole la frente con suavidad.
    
    —Y crema anestésica para el alma —remató ella.
    
    ***
    
    Al día siguiente, Raquel desayunaba en su cocina con las piernas cruzadas de una forma estratégica, como si tuviera que proteger un secreto que no había ...
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