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Secretos de Familia: Mi Madre, Su Perro y el Placer Prohibido
Fecha: 19/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Incesto Zoofilia Autor: lordlunatico, Fuente: SexoSinTabues30
... loco. — ¡Sí, así, Gordito! ¡Tu pene está dentro de mami! ¡Fóllame! ¡Soy tu puta perra! —gritaba mi madre mientras el perro la embestía sin piedad. — ¡Mételo todo, bebé! ¡Todo mami lo quiere todo! —seguía gritando mi madre. Comencé a preocuparme por el embarazo de mi madre, ya que el perro la estaba follando con mucha intensidad. Mi madre apretaba con fuerza las sábanas y, de vez en cuando, pegaba un grito agudo y fuerte. — ¡Carajo, me vas a desgarrar por dentro! —gritó mi madre. El perro siguió como loco follándosela por unos minutos hasta que comenzó a bajar el ritmo de sus embestidas quedando simplemente jadeando montado sobre mi madre. Ella se escuchaba exhausta y agitada. El perro trató de bajar de mi madre, pero parecía estar pegado a ella. — Gordito, espera. No jales a mamá —dijo mi madre, y lo tomó por la pata trasera para que no intentara zafarse. Quedaron pegados un rato hasta que logró salir de mi madre, dejando atrás un fluido de semen saliendo de su vagina. — Venga, bebé. Vamos a tomar un baño —dijo mi madre. Así que me escondí detrás de las escaleras y la vi salir desnuda con una toalla en la mano y el perro detrás de ella hasta entrar al baño. Yo me fui a mi habitación y me encerré para que pensara que aún no había llegado, ya que tengo la costumbre de cerrar con llave mi habitación. Al día siguiente, mi madre estaba muy feliz, preparando el desayuno. Disimulando lo que había visto, le pregunté por qué tan feliz. — Por ninguna ...
... razón en específico —me dijo y me abrazó, dándome un beso en la mejilla. — No, la verdad sí hay una razón. ¿Por qué estás tú conmigo? —me dijo y continuó preparando el desayuno. «Qué hipócrita. Si supieras que sé que te follas a tu perro», pensé. Por fin entendía el motivo de su cambio. Aún era amante de penes, pero de hombres pasó a amar el de un perro. «Bueno, al menos ese no la volverá a embarazar», pensé, dejando escapar una risa. — ¿De qué te ríes, amor? —me preguntó mi madre, sorprendida. — De nada, me acordé de un mal chiste —le respondí. Lo que me sorprendía más era que no me hubiera dado cuenta antes. La situación era más complicada de lo que había imaginado, pero también más excitante. La idea de mi madre teniendo sexo con el perro me había dejado con una mezcla de repulsión y morbosa curiosidad. Esa tarde, después de almorzar, mi madre decidió regar y arreglar las plantas en el jardín. Se puso un vestido holgado y cómodo, perfecto para ocultar su embarazo. Yo, incapaz de sacarme la escena de la cabeza, decidí espiarla. Me acerqué sigilosamente a la ventana de la sala, que daba directamente al jardín. Mi madre, con una manguera en una mano y una pequeña pala en la otra, regaba las plantas con movimientos lentos y sensuales. Su vestido, mojado por el agua, se pegaba a su cuerpo, dejando poco a la imaginación. El perro la seguía de cerca. Mi madre, consciente de la presencia del perro, sonrió con malicia. Dejó la manguera y la pequeña pala a un lado ...