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Secretos de Familia: Mi Madre, Su Perro y el Placer Prohibido
Fecha: 19/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Incesto Zoofilia Autor: lordlunatico, Fuente: SexoSinTabues30
... y se arrodilló. Se subió el vestido y dejó al descubierto sus nalgas desnudas, mostrando que no llevaba ropa interior. El perro se acercó más, olfateando el trasero de mi madre. El perro, sin dudarlo, se subió encima de ella. Mi madre, con una mano, intentó guiar el pene del perro hacia su vagina, pero el perro movía sus caderas tanto que le complicaba a mi madre dirigirlo. En uno de sus movimientos torpes, el perro logró entrar en su ano. Mi madre pegó un fuerte grito y hizo gestos de dolor. — ¡Gordito, ese es el agujero incorrecto! —dijo mi madre, pero podía ver cómo el perro comenzaba a moverse con fuerza, sus embestidas cada vez más rápidas y profundas. Mi madre se quejaba de dolor, pero no lo detuvo; dejó que continuara follándola. El perro la penetraba analmente con brutalidad, sus patas delanteras apoyadas en la espalda de mi madre. Mi madre gemía y gritaba de placer, sus manos apretando la tierra con fuerza. Su vestido, empapado, se pegaba a su cuerpo, resaltando sus curvas y su embarazo. — ¡Fóllame el culo! —gritaba mi madre, su voz llena de deseo. — ¡Más fuerte, Gordito! ¡Fóllame más fuerte! —gritaba mi madre con lujuria. Mi madre, perdida totalmente en su lujuria, tomó la pequeña pala y, pasándola por debajo de ella entre sus piernas, se introdujo el mango en su vagina y comenzó a penetrarse mientras el perro seguía embistiendo su ano. Mi madre era toda una puta, fue lo primero que pensé. El perro se bajó de ella y comenzó a lamer su propio ...
... pene. Mi madre seguía masturbándose con el mango de la pala hasta que se corrió, dejando salir de ella chorros de sus fluidos. Mi madre se veía que seguía caliente, por lo que chupaba el mango de la pala como si fuera un pene. Se levantó y, tomando la manguera, se la restregaba en su vagina mientras se metía los dedos con tal desesperación que volvió a tener otro orgasmo. Una vez se repuso, se acomodó su vestido, el cual estaba empapado y lleno de tierra, y entró a la casa. Yo, disimulando, le pregunté: — ¿Qué te pasó? Ella, al verme aún agitada, me dijo: — Nada, me ensucié un poco arreglando el jardín. Iré a darme un baño. Yo estaba muy excitado, ya no podía más. Pensé en masturbarme, pero me ganó la lujuria al ver que la puerta del baño estaba abierta y pensar que mi madre estaba dentro, desnuda, esperando recibir mi pene. Así que me desnudé y entré lentamente. Ella estaba de espalda, enjabonándose. Cerré la puerta y me pegué detrás de ella. — ¿Qué diablos haces, Miguel? —me gritó, alterada. La tomé de la cintura. — ¿Qué diablos haces, Miguel? —me gritó de nuevo, intentando zafarse. — Sé que te gusta follar con perros —le dije, pegando mi pene entre sus nalgas. — ¿De qué hablas? —me dijo, haciéndose la ignorante. — Vamos, madre, no te hagas. Acaso tu perro no te tenía ensartada por el culo hace unos minutos —le respondí. — No sé de qué me hablas —insistió mi madre. — Vamos, no perdamos el tiempo —le dije, y tomando mi pene, se lo metí en su ...