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La clase del 79
Fecha: 20/10/2026, Categorías: Bisexuales Dominación / BDSM Sexo con Maduras Autor: CuentaCuentos, Fuente: SexoSinTabues30
... entonces lo vimos. Desde esa posición lateral, el ángulo era perfecto. El enorme miembro del profesor. Y vimos cómo, con un movimiento lento y decidido, empezó a desaparecer entre las piernas de María. María dio un leve respingo. Su cara, de lado, era una mezcla de emociones que no pude descifrar. Sorpresa. Dolor. ¿Miedo? No era la pose desafiante de antes. Paco empezó a entrar. Lento. «Vaya», soltó Paco con una extraña mezcla de sorpresa y decepción en la voz. «Cuesta un poco.» La clase contuvo el aliento. «Pensé que una chica como tú ya estaría estrenada.» La cara de María era un lienzo en blanco de sufrimiento contenido. Sus labios tensos. Las lágrimas empezaron a brotar. Silenciosamente. Rodaban por sus mejillas, sin sonido alguno. Paco continuó. Ni rápido ni lento. Un ritmo constante. Y de repente, hizo una pregunta, una que parecía sacada de la nada. «¿Has tenido alguna vez la regla ya?» María, con un hilo de voz que casi no se oyó, masculló: «No…» «Perfecto», dijo Paco, con una satisfacción que nos revolvió el estómago. «Mejor para los dos. Menos problemas.» Disfrutó del momento. La clase seguía en silencio. Oíamos los sonidos húmedos. Oíamos los jadeos de Paco. Nos lo hizo disfrutar a todos. No se corrió rápido. Entraba y salía, despacio, dando un espectáculo acojonante. La clase entera, enmudecida, obligada a ser testigo. María seguía llorando en silencio, las lágrimas cayendo sin un sonido. No se quejaba. Estaba inmóvil, aguantando, con esa ...
... dignidad perversa que a veces tienen las putas. Paco tardó más esta vez. Parecía regodearse en el control. Y cuando por fin llegó, eyaculó bien adentro. Lo vimos. El espasmo final de Paco con un gemido grave, los testículos subiendo al contraerse el escroto. Y lentamente, se separó. Vimos cómo, por las piernas blancas de María, resbalaba el semen de Paco. Abundante, espeso, mezclado con un hilillo de sangre. María seguía apoyada en la mesa, con las lágrimas corriendo, pero sin hacer ruido. Paco se abrochó los pantalones. Miró a María, que se secaba las lágrimas con el dorso de la mano. «Nos portaremos bien a partir de ahora, ¿verdad, María?», preguntó, su voz ahora suave, casi cómplice. María levantó la cabeza. Las lágrimas seguían ahí, pero en su cara, junto al rastro húmedo, apareció una sonrisa extraña, indescifrable. Una sonrisa que no era completa, pero que curvaba sus labios de una forma que nos heló la sangre. «Estoy segura, profe», dijo María, su voz recuperando un poco de su antiguo tono meloso, pero con un matiz nuevo, oscuro. «Usted y yo nos portaremos bien…» Se tambaleó un poco al enderezarse. Cogió la braguita, se limpió con ella los muslos y entre las piernas. La miró un segundo, empapada de semen y sangre. Y, con un gesto casi desafiante, la tiró sobre el pupitre de Eva. Justo encima de su cuaderno, el mismo donde quedó la mancha de José. Eva, en primera fila, al ver la braguita sucia caer, al sentir esa mezcla de olores, al ver esa sangre… se ...