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La clase del 79
Fecha: 20/10/2026, Categorías: Bisexuales Dominación / BDSM Sexo con Maduras Autor: CuentaCuentos, Fuente: SexoSinTabues30
... retorció en su asiento. Los ruiditos que salían de su garganta se hicieron más fuertes. Jadeaba, gemía sin control. María se recolocó la falda, que ya no parecía tan provocativa, sino… sucia. Y volvió a su sitio con toda la tranquilidad del mundo, como si acabara de volver de la fuente a beber agua. La clase cambió de nuevo. Ya no era solo miedo. Era… otra cosa. Una sumisión extraña. Disciplina forzada, claro, pero había un aura de… comprensión mutua. O de terror absoluto. O de perversión asimilada. No sé. Yo solo observa. Eva, pobre Eva. Después de lo de María, su estado empeoró. O mejoró, depende de cómo lo mires. Sus reacciones visuales se volvieron más intensas, más frecuentes. Solo ver a Paco, o escuchar su voz grave, la alteraba. Sus gemidos a veces llenaban el silencio de la clase. Era incómodo, fascinante y… sí, obsceno. Un día, después de varias semanas de esta calma tensa, vi a Eva quedarse al final de la clase. La sala se fue vaciando. Ella, sentada en primera fila, esperaba. Cuando solo quedábamos Paco, Eva y yo (siempre me quedo un poco más, observando), la oí hablar. Me hice el tonto, recogiendo mis cosas despacio. Su voz era un susurro nervioso. Casi no la oigo. «Señor Paco…» «¿Sí, Eva?» La voz de Paco era suave. Demasiado suave. «Yo… yo no quiero portarme mal. Soy buena chica. Tengo mis cosas, pero siempre me tomo la mediación…» Paco la miró. Esperó. «Pero… pero querría que… que me castigara.» Ahí estaba. Lo vi venir. Lo ...
... sentí en el aire cargado de la clase. Eva, con la cara pálida, las manos temblando. Pero en sus ojos había esa mezcla de miedo y… excitación. Lo pedía. Pedía ser la siguiente. Pero sin el pretexto de haberse portado mal. Quería la «lección» por la lección misma. Por la sensación. Por lo que le generaba ver. Paco no dijo nada durante un buen rato. La miraba. Y en su mirada, vi algo que no había visto antes. Una especie de… reconocimiento. Como si entendiera perfectamente lo que Eva pedía. «Ven aquí, Eva.» No la vi escupir en sus dedos. No la vi subirse a una mesa. Fue más discreto. Paco la llevó hacia la pizarra, como si le fuera a explicar algo en privado. Yo, disimulando, me acerqué a la papelera cerca de la puerta. No vi todo. Pero sí vi a Paco hablarle al oído. Vi a Eva asentir, temblando con más fuerza. Vi a Paco meter una mano bajo su falda. Y oí los gemidos de Eva. Bajitos al principio, luego más fuertes. Vi sus ojos cerrados, su cabeza apoyada contra la pizarra, su cuerpo convulsionando ligeramente. Paco ni siquiera se desabrochó los pantalones. No hizo falta. Con Eva, solo la proximidad, el susurro, el tacto… bastaba. Duró poco. Cuando Paco retiró la mano, Eva se quedó un momento pegada a la pizarra, respirando entrecortadamente, con una expresión que… sí, era placer. Un placer mezclado con vergüenza y agotamiento. Paco le dio una palmadita suave en el hombro. «Ya está, Eva. Ya puedes irte.» Eva asintió, se recompuso como pudo y salió de la clase, sin ...