-
Mis odiosas madrastras (8)
Fecha: 23/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... los dientes. Nos fuimos de ahí, aunque antes el tal José tuvo que salir corriendo a abrir la puerta de cristal de la entrada, porque a ella le costaba un poco con la bici. Barbi lo saludó con una mano, toda simpática, y apenas cruzamos la vereda, yo no me aguanté y la miré de reojo. Estaba claro que el encargado del edificio era otro más que estaba comiendo de su mano. No tenía idea de hasta dónde llegó con él, pero seguro lo tenía ahí, con terribles ganas de meterle la pija en todos sus orificios, sin poder hacerlo. Sabía que Barbi era una calientapijas de manual, pero, a medida que iba viendo cómo interactuaba en su vida cotidiana, me daba cuenta de que eso iba mucho más lejos de lo que había imaginado. Ella notó la mirada y sonrió sin mirarme. —¿Qué pasa? —dijo, haciéndose la inocente. —Nada… Cuánta confianza con el portero, ¿no? —No es confianza, simplemente soy amable con todos —respondió ella, mientras caminábamos uno al lado del otro, empujando las bicis por la vereda. No eran pocos los que la miraban de reojo. Incluso sonó una bocina de uno de los autos que pasaba cerca. Barbi llamaba mucho la atención y, aunque lo negara, le gustaba mucho. Quizás era verdad que no se aguantaba a los pajeros que se desubicaban, pero disfrutaba de tener ese poder sobre los hombres. —Hasta lo invitaste al concierto —le dije, sin poder evitar el tono ácido. —Es solo cortesía. Si quiere ir, que vaya. No es que lo invité a tomar algo a casa —tiró. El hecho de ...
... que tuviera razón la hacía todavía más irritante. Era obvio que la mina no me iba a reconocer que simplemente le encantaba calentar a los tipos. En ese sentido Clarisa era más sincera que ella. —Obvio —respondí—. Pero… a él no le decís nada porque te mira el culo… Ella soltó una carcajada que me descolocó por un segundo. —Él no me estaba mirando el culo. Lo dijo con tanta seguridad que parecía habérselo creído. Pero yo sabía leer esas miradas. Lo había visto. Ese tipo la escaneó entera como si fuera una obra de arte en exposición. Y sí, lo entendía. Pero no me iba a bancar que ella me mintiera en la cara. No hacía falta ser un genio para saber que, apenas le dimos la espalda, el tipo perdió la vista en esa calza pornográfica. Y ella, como mujer, debía saber eso. —Claro, claro… siempre el pobre Daniel es el problema —dije, con una sonrisa torcida. —No seas boludo. El tema es que vos vivís con Clarisa. Es diferente —respondió—. Pero igual, la verdad, ningún hombre debería hacer esas cosas. El tema es que no me puedo pelear todos los días con diez tipos diferentes por mirarme el culo. Sería demasiado agotador. Además, si no los veo haciéndolo, por más que crea que lo hizo, no puedo echárselo en cara. —Claro, pero te peleás conmigo… —Bueno, deberías sentirte especial —tiró, y me miró de costado con esa sonrisa suya, que parecía de nena traviesa pero que escondía un nivel de manipulación digna de un político en campaña. Seguimos caminando por la vereda, ...