1. Enfadado con mi madre, hicimos las paces follando


    Fecha: 08/11/2026, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos

    ... la cintura y acercar su cuerpo al mío. Ella se dejaba hacer y sin proponérmelo, sentí como mi miembro se endurecía. Nuestros cuerpos seguían moviéndose a un ritmo, suave y sensual y eso me iba excitando. Notaba su pecho temblar y casi cortársele la respiración ante alguna insinuación que me atrevía a dirigirle. Subí una mano un poco más hasta el pecho, sin dejar de llevar el ritmo de la música.
    
    —¡Cuánto tiempo hacía que no bailaba así...! —susurró.
    
    —Me encanta verte feliz —añadí.
    
    La abracé estrechamente por la cintura y ella abrazó mi cuello con sus manos. Nos fuimos deslizando despacio, cara con cara, cheek to cheek, el roce de su vientre contra el mío, sus dedos enredados en mi pelo.
    
    Me miró sonriente e inmediatamente, reclinó su cabeza en mi hombro. Acerqué mi boca su cuello, y dejé mis labios en su piel, en un beso alargado. Retiré su pelo y repetí llevar los labios a su piel, besándola abiertamente en el cuello. Mi polla ya estaba firme y ella no se retiró. Continuamos bailando, metiéndole mano descaradamente a mi madre, amparado en la lejanía con nuestra playa. Le manosee su pecho, bajé mi mano a su entrepierna sin ser rechazado.
    
    A las cinco de la mañana fuimos los últimos en abandonar la terraza. A esa hora ya hacía fresquito, caminábamos pegados el uno al otro, tomada por mi brazo sobre sus hombros.
    
    —¿Adónde vamos ahora? —dijo ella tartamudeando, sin ganas de regresar.
    
    —¿Ahora? ¡Son las cinco, vamos a dormir!—Le respondí mientras ella se ...
    ... tambaleaba—. Vas dando tumbos.
    
    Soltó una carcajada y me dio un empujón juguetón. Se quitó los zapatos.
    
    —Eran los tacones, ya estoy perfecta, ¿adónde vamos?
    
    Me habría gustado decirle, vamos a follar como locos, pero ella tampoco estaba en condiciones de hacer nada. Cuando llegamos a casa, tuve que ayudarla a bajar. Me miró desde el umbral como si fuera un amante que llevaba a casa esa noche. Mi corazón latía con fuerza, el deseo golpeaba mi interior como una masa de agua retenida por una presa.
    
    —Siento no estar muy consciente —susurró.
    
    La llevé hasta su habitación. La cremallera de su vestido sonó al deslizarse guiada por mis dedos temblorosos. Ella se incorporó con torpeza, levantó los brazos para que le quitara el vestido y quedó en ropa interior. Un conjunto negro como su vestido, elegante, que resaltaba su bronceada piel, sugerente, vulnerable, hermosa.
    
    Se dejó caer boca arriba sobre la cama, a medio camino entre el sueño y la realidad. Sus piernas dobladas, su cuerpo semidesnudo, su boca entreabierta. Mi conciencia gritaba, mi cuerpo ardía. Quería tumbarme a su lado, recorriéndola centímetro a centímetro. Con los ojos cerrados murmuró.
    
    —He notado esta noche que te excitabas.... ¿Te gusto?
    
    Su pregunta despertó todos mis demonios. Necesitaba reafirmar su condición de mujer antes de dar el paso final. Pero después de llevar toda la noche merodeándola, mimándola, tocándola, no me atrevía a dar el siguiente paso. Apagué la luz y me dispuse a marcharme.
    
    En la ...
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