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Enfadado con mi madre, hicimos las paces follando
Fecha: 08/11/2026, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... la brisa del mar. Nuestras mejillas se rozaban. Entre las luces, las copas que llevaba y la música, disfrutaba como si se hubiera quitado veinte años de encima. Nos íbamos acercando cada vez más, hasta pegar nuestras mejillas. Algunos chicos que no nos conocían nos miraban sonrientes, pensando que éramos una madurita ligando con un chico joven. Afortunadamente ninguno podía ver como se despertaba un deseo animal y profundo. —Estás muy callado —murmuró rozándome con su boca. —Si te dijera lo que estaba pensando volverías a mandarme a Inglaterra. —respondí. —¿Y qué sabes tú lo que pienso yo? La canción terminó y comenzó de nuevo la música rápida. Nos quedamos quietos, en medio de la pista. Entonces con un gesto cómplice, me susurró: —¿Por qué no nos vamos a otro sitio a seguir bailando? ¡Hace tanto tiempo que no lo hacía. —¿Otra copa? —exclamé dudando, algo confundido con el tono de sensualidad que desplegaba esa noche —. Ya has bebido mucho ¿no? —Todavía es temprano —dijo mientras miraba el reloj que marcaba las 2:45—. Hay que aprovechar una noche tan maravillosa. Me dejé arrastrar y finalmente dejé escapar una carcajada. —Pero como pareja, nada de madre e hijo. —Donde nadie nos conozca. Donde puedas… podamos....sentirnos libres —completó. No podía creerlo. Pensaba lo mismo que yo. Cuando salimos del club, ella iba tambaleante, sin estar borracha pero lo suficiente animada para reír en alto, para hablar sin filtros. —Tienes unos ojos ...
... peligrosos —me dijo de pronto, mientras subía al coche—. Siempre los has tenido, desde que eras un crío pero ya no lo eres ¿verdad? Me reí sin saber qué responder mientras el aire de la madrugada agitaba su pelo y mis entrañas. Le ayudé a colocarse el cinturón y ella me acarició la mano como si fuera lo más normal del mundo. —¿A dónde vamos? —pregunté. —Voy a enseñarte un sitio en la carretera de Jávea —sonrió. En el trayecto por la costa, no paró de hablar: de lo estúpida que se sintió al descubrir como era de verdad Lucas y lo que echaba de menos dormir sin alguien al lado, de las ganas que tenía de volver a sentirse deseada y no equivocarse. —No quiero un hombre solo para cuidarme, quiero uno que me haga temblar —dijo, con la voz arrastrada. Yo iba sonriendo, escuchándola, mirando el mar por la ventanilla abierta. Al pasar por una zona rocosa, el mar quedaba abajo a mi izquierda. —No sé si me da más vértigo mirar a la derecha o a la izquierda —dije mirándola a ella. Su mano, buscó la mía en la palanca de cambios, transmitiéndome calidez. —No tenemos que temer nada. Salvo los cotilleos. Entramos en una terraza escondida entre árboles, con una pista al aire libre bajo faroles y música suave, elegante. Gente de cierta edad, muchos extranjeros. Nadie nos conocía, a nadie le importábamos. Sonaba una canción de ritmo más lento, ella me tendió las manos, la cogí por detrás, casi hasta su culo sin que ella se apartara, lo que aproveché para atraerla por ...