1. Enfadado con mi madre, hicimos las paces follando


    Fecha: 08/11/2026, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos

    ... olvidado rápidamente. Pero al volver a quedarme sola, me ha entrado un cargo de conciencia que no había sentido antes. Seguramente estaba obnubilada.
    
    Yo asentí sin decir nada. A veces el silencio es el único consuelo verdadero. Tras ponerla al día de mis actividades en Londres, le confesé que echaba de menos tantos veranos que había pasado en esa casa.
    
    —Martita está en Boston y no vendrá hasta agosto, a ver si puedes volver tú también. Y ahora, cuéntame, ¿has dejado algún ligue en Londres?
    
    —No hay nadie que me espere. Y tú, ¿sales ahora con alguien? Te aseguro que no pretendo reivindicar más a mi padre, ya ha pasado tiempo. Puedes actuar como quieras.
    
    —Quiero estar un tiempo sin nadie. Salgo con mis amigas, conocemos algunos señores. Y nada más.
    
    Cuando la vi salir arreglada para reunirse con sus amigas, con un vestido de verano ajustado, los labios pintados y unas gotas de perfume en el cuello, no pude reprimirme.
    
    —Vas muy guapa. No me extraña que te salgan novios.
    
    —Ya sabes que en esta playa todas las señoras se visten como si fueran de fiesta.
    
    —Pero ninguna tiene tu clase —respondí, sincero.
    
    Ella sonrió agradecida.
    
    —Me alegro mucho de que estés aquí. ¿Has quedado con alguien?
    
    —Sí, he llamado a los amigos de entonces —mentí.
    
    La verdad es que no había quedado con nadie. Me apetecía pasear, sabía los sitios por los que podría encontrarlos. Desde que me fui a Inglaterra, no había vuelto. Fui al puerto, tomé una cerveza en la barra en un ...
    ... garito con música en directo. Había cambiado el ambiente, gente que no era de allí, turistas con poco estilo. No conocía a casi nadie ya. Un camarero me dijo que la gente que iba por allí, ahora solía ir a La Noite, fuera del puerto.
    
    Fui allí y encontré a Paquito y a Loren, a los que hacía tanto que no veía y que se alegraron un montón de verme. Me uní a su grupo donde había una chica, Luisa, que me miró con ojitos de bienvenida. Yo me sentía fenomenal, desinhibido, como si no hubiera estado ausente tanto tiempo.
    
    Entonces la vi. Bailaba en medio de la pista, con dos amigas más o menos de su edad, riendo como una adolescente. Llevaba el vestido que yo le había visto ponerse dos horas antes, pero ahora le brillaban los ojos. A su alrededor, un par de hombres, uno más joven, el otro de barba canosa, se movían con esa risa insistente del que quiere gustar. Uno le dijo algo al oído y ella le respondió con una risa que no supe si era coqueta o burlona.
    
    Me alejé un poco de la pista. Desde un lateral de la barra, seguí observando un rato. Sus amigas también se lo pasaban bien. No vi incomodidad en ella, ni tampoco determinación por rechazar. Y en mí, algo se movió. Sin dejar de sentir una ternura profunda, sufrí un ataque de celos. Me fascinaba verla así, divertida, atractiva, seductora pero a la vez me dolía.
    
    Decidí irme sin que me viera. Esa noche era suya. Por primera vez entendí que ella tenía todo el derecho del mundo a gestionar su vida. Tenía derecho a salir y pasarlo ...
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