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Enfadado con mi madre, hicimos las paces follando
Fecha: 08/11/2026, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... con el pelo recogido de cualquier manera y una camisa blanca amplia que le daba un aire despreocupado, casi juvenil. —Buenos días, cariño —dijo sin girarse del todo—. ¿Te apetece hacer hoy algo juntos? —¡Claro! Tenemos que recuperar los años perdidos. —¿Sacamos el barco? Puedo preparar algo de comer y fondear en alguna cala... La idea me atrajo enseguida. Una pequeña aventura veraniega, compartida solo por nosotros dos. —¡Perfecto! ¿Vamos a Portichol? —exclamé alegre. —Prepara tú las bebidas. Y coge fruta. A las once, salimos caminando rumbo al puerto. Ella llevaba un vestido vaporoso, un sombrero de ala ancha y una cesta de mimbre con el picnic. Yo, a su lado, llevaba una neverita portátil, mirando de reojo como el vestido se le pegaba al cuerpo por culpa del calor. Encontré el barco en perfecto estado. —¿Lo has sacado ya este verano? —No, pero le pedí a Perico que lo pusiera a punto. ¡Perico! El viejo marinero del puerto. Me apetecía saludarlo. Soltamos amarras y salimos con el sol ya alto en el cielo, las playas aún medio dormidas de bañistas. Fuera del puerto, se quitó el vestido y apareció bajo él un bikini azul marino. No era muy llamativo, pero su cuerpo si lo era. Con curvas que hablaban de una madurez espléndida. Se notaba que seguía cuidándose y mostraba un bronceado natural. Yo me quité la camiseta y sentí su mirada fugaz, escurridiza, por encima de las gafas de sol. —¿Te acuerdas las excursiones que hacíamos? —dijo, sentándose ...
... en proa con las piernas estiradas, dejando que el sol le acariciara el vientre. —Sí. Pero nunca lo habíamos hecho solos, siempre estaba lleno el barco. Ella sonrió. —No echo de menos a nadie ahora. Tengo a mi lado a mi hijo pródigo. Nos quedamos en silencio, un silencio que se llenó de oleaje y de miradas. Anclamos frente a una cala donde solo se oía el rugir suave del agua contra las rocas. Extendimos una toalla en cubierta y saqué dos cervezas de mi neverita, a la sombra del toldo. Nos reíamos, la conversación fue virando sin que nos diéramos cuenta. De sus años de matrimonio y familia, a la viudedad y sentirse sola, a los vacíos y a la aparición de un señor que le transformó y le hizo sentir algo tan diferente... —Es curioso este verano —dijo dando un trago a la cerveza y mirando al horizonte—. Me siento viva y culpable a la vez. —Ego te absolvo a peccatis tuis —le dije—. En el nombre de mi padre, y de tu hijo y.... ¡de la madre que te parió! ¡Eres libre!. Me miró durante unos segundos como si necesitara asegurarse de que no me estaba burlando. Y luego sonrió y se inclinó ante mí para darme un abrazo tan apretado que sus pechos se aplastaron contra mi pecho y volvieron a despertar a mi polla dormida por los cálidos rayos de sol. Se separó para mirarme con una sonrisa, pero diferente, consciente, peligrosa. —Parece que reaccionas rápido a las caricias. —Lo siento... —hice una pausa—. Después de los años sin vernos, mi cuerpo sufre una ligera ...