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Enfadado con mi madre, hicimos las paces follando
Fecha: 08/11/2026, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... bien. Y desde luego no le faltarían pretendientes. Llegué a casa sin sueño. El calor no ayudaba a conciliarlo. Salí a la terraza con un libro en la mano. Encendí la luz y me senté en el sillón que mi padre llamaba el sillón del patriarca. Ahora yo era su heredero. Escuchaba los grillos, el murmullo de música lejana. Había algo regenerador en estar ahí, recuperando mi pasado familiar. Incapaz de concentrarme en el libro que tenía en las manos, recuperé los recuerdos de las fantasías de juventud de mi grupo de amigos de verano cuando venían a casa y veían a mi madre. Cosas de jóvenes que mi mente mucho más adulta ahora, revivía. Sobre las dos de la mañana, la puerta se abrió suavemente, como si no quisiera hacer ruido. Entró con sus zapatos en la mano. El vestido parecía que aún se movía al ritmo de la noche. —¿No tienes sueño? —dijo, con una sonrisa en los labios al verme. —No, hace calor —respondí tratando de parecer ajeno a ella. —Me quedaré un rato contigo. ¿Te apetece un vino? —preguntó mientras se acercaba a la cocina. —De acuerdo. Volvió con dos copas de vino blanco frío y se sentó a mi lado, cruzando las piernas. Nos miramos como si no fuéramos los mismos de esa mañana. —¿Lo has pasado bien? —me preguntó. —Sí —dije con un suspiro largo, hondo—. He estado con Paquito y Loren en la Noite. Bebió un trago y apoyó la cabeza en el respaldo. —¿Has estado allí? —Sí. Te vi. No quise interrumpir. Ella me miró con ternura. —No lo ...
... habrías hecho, solo bailaba. Espero que no lo vieras mal, no quiero que nos distanciemos nunca más, eres parte de mí vida. —No me ha molestado, solo que...estaban mis amigos. Para ellos eras un sex simbol y no quise que gastaran bromas. Afortunadamente ellos no te vieron o... no te reconocieron. —No pretendo esconderme de nadie. Mis amigas y yo solo coqueteábamos un poco. No pasó nada, no te preocupes —me miró divertida, feliz de tenerme allí. —Realmente estabas radiante —Y seguía estándolo, con sus ojos brillantes y no por el vino. —Me alegro mucho de poder hablar contigo como adultos. Debe ser ese sillón —rió recordando a mi padre— que aporta madurez. Chocamos las copas. Me dio un abrazo enorme, en intensidad y en duración. Mi polla se puso en tiempo de saludo y ella lo notó. Me miró de nuevo sorprendida y en su mirada entendí que la persona frente a mí no era solo mi madre. Era una mujer viva, buscando reconstruirse a pesar de sus errores y yo, decidí en ese momento ser parte de esa reconstrucción. Me dio la mano sonriendo y nos quedamos allí, en la terraza, en silencio, viendo cómo la noche empezaba a redimirnos del pasado. Pasado unos minutos de paz con nosotros mismos, nos retiramos a dormir. Concilié el sueño mientras repasaba la conversación en la terraza que me había parecido tan excitante. Me levanté temprano, con la vaga resaca del vino y la certeza de que algo había cambiado la noche anterior. Cuando salí a la cocina, ella ya estaba allí, descalza, ...