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Vida laboral
Fecha: 27/11/2025, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Maverik 12, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... balancearla. Primero puse mi mano sobre esa pierna, y luego la pasé poco a poco a la pierna de él. Lo acaricié un poco, moviendo tres deditos como si fueran las patas de una araña, y poco a poco la araña fue caminando hasta llegar al glande de tu pene erecto. —Mira, Lisa no va a regresar hasta que le diga —le dije. —Y tú parece que tienes un problema. ¿Qué tal si lo arreglamos? No, no hablo de tu erección. Hablo de la forma en la que nos miramos desde hace mucho. —Hagamos lo que tú quieras. Lo masturbé un momento. Por si alguien tiene curiosidad al respecto, no, su pene no me decepcionó, también era largo, fuerte y venoso, como me lo había imaginado. Luego nos acurrucamos en el sillón. Me subí mi faldita negra; me quité la ropa interior y me puse su pene entre las piernas, mientras él me acariciaba los pechos desde atrás. Me gustan mis pechos, y pareció que a él también; de pronto recordé cómo me veía a veces en la oficina, y concluí que debía estar viendo mis pechos. La verdad es que la razón por la que fantaseo con hombres de manos grandes es porque tengo pechos grandes… más grandes que los de Lisa, creo. Y me gusta estar con un hombre la que le excite estrujar mis pechos enteros entre sus manos. Claro que me gustó que me acariciara los pezones, y todo. Pero sobre todo me gustó sentirme “agarrada”. De tanto en tanto, su mano bajaba a masturbarme. De tanto en tanto, yo abría las piernas: su pene dejaba de embestirme y yo lo tomaba con fuerza e iba bajando hasta que ...
... llegaba a los testículos. —Quiero sentirlos en la vulva —le dije. Él se irguió, puso su pene, ya húmedo, sobre mi bello, y dejó que me restregaba sus testículos en la vulva. —¿Estoy siendo muy brusca? —le pregunté, y él negó con la cabeza. Mientras me lo restregaba, empecé a gemir mucho. Volví a poner la película desde el principio y subí el volumen, porque me preocupó de pronto que Lisa nos escuchara. Volvimos a la posición anterior, y él siguió feliz, embistiéndome los muslos . Mi plan era que no hubiera penetración: que se corriera entre mis piernas. No sé en qué momento cambié de opinión y le dije “métemela”; sé que se lo dije; sé que me puso otra vez de misionero y que me penetró de golpe. El sillón era muy viejo y empezó a rechinar horriblemente. Probablemente el ruido fue lo que convenció a Lisa de salir del baño. Álvaro la vio antes que yo, y se detuvo un poco. —Sigan, sólo vengo por agua —dijo y, efectivamente, se sirvió agua. Luego, obviamente, se nos quedó viendo. Álvaro, un poco extrañado, siguió. Disfrutarlo, para mí, estaba siendo un poco complicado. Era demasiada sensación. Se estaba cumpliendo una fantasía y eso me hacía feliz. El pene de Álvaro era más grueso de lo que yo acostumbraba, y sobre todo cuando llegaba hasta el fondo yo tenía que decirme que me estaba causando más placer que dolor. Y no era él, que en realidad estaba siendo amablemente lento; era que yo estaba un poco estrecha… quizá mi ciclo o mi misma excitación. Conforme seguíamos, el dolor ...