1. La vieja bruja sádica y su esclavo inepto masoquista


    Fecha: 28/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... mierda, a orina rancia. Me daban arcadas. Náuseas. El estómago se me revolvía con cada latigazo, con cada intento de protesta. El sabor de las bragas era peor que el dolor. Era una humillación que me quemaba la garganta, que me hacía querer vomitar. Y no podía. Porque ella me había amordazado con su suciedad. Con su vergüenza. Con su poder.
    Me sentí humillado. Un  ser a su merced. Inmóvil. Atado. Con el culo al aire, la piel marcada y la boca llena de su caca. Me encantaba la señora Helga Pain. Pero debo admitir… su pulcritud me daba asco. El sabor de sus bragas era insoportable. El olor de sus guantes, peor. Era una mezcla de goma podrida, … algo orgánico. Me sentí como un animal, como un perro que lamía la mierda de su dueña. Y lo peor era… que lo deseaba.
    A los cincuenta, el dolor era insoportable. La piel cada vez era más roja y  morada. Era un mapa de fuego, de sangre, de vergüenza. El látigo no golpeaba. Destrozaba. Cada azote era una descarga eléctrica que me recorría la espina dorsal, que me hacía temblar, que me hacía llorar en silencio. Las lágrimas caían por mis mejillas, pero no podía emitir un solo sonido. Solo el sabor a caca en mi boca, el olor a goma sucia en mis fosas nasales, y el sonido del látigo, que resonaba como un metrónomo de mi agonía. Y entonces, se detuvo. “Cincuenta”, dijo, y su voz era un susurro de triunfo. Se alejó del potro, se sentó en una silla que había en un rincón del sótano, y encendió  un cigarrillo largo y  elegante de tabaco. El ...
    ... humo se elevó en espirales lentas, como si el tiempo se detuviera. Ella exhaló, mirándome con una sonrisa sádica, y dijo: “Descansa. Te va a hacer falta”. Y yo… supe que lo peor aún no había llegado.
    Mientras fumaba en su silla, con el cigarrillo largo  entre sus dedos enguantados, Helga Pain me miró con una calma que helaba la sangre. “Hace tiempo que me espías ¡”, dijo, su voz dura como el hierro forjado." Me miras a través de tu ventana... y ahora te has colado  en mi casa sin permiso como un vulgar ladrón”. Exhaló una nube de humo que se enroscó en el aire como una serpiente.” Crees que no me he dado cuenta? Has sido un joven  muy malo. Y mereces un castigo que no olvides nunca”.
    Se recostó en la silla, cruzando las piernas con una lentitud deliberada. Luego, con un movimiento que parecía ritual, abrió las piernas y levantó su vestido negro. Me mostró sus medias oscuras de liga , tensas sobre muslos carnosos, y los ligueros que colgaban de una cinta que ceñía su estómago enorme . Y más abajo… su coño. Enorme. Peludo. Viejo. Un monte de pelo oscuro, rizado, húmedo, que se abría como una cueva olvidada por el tiempo. Era repugnante. Apestaba a sudor rancio, a orina. Y sin embargo… me excitó. Sentí cómo mi pene se endurecía, como si mi cuerpo traicionara mi mente. Era una contradicción que me consumía: el asco y el deseo, el terror y la adoración. Ella lo notó. Sonrió.
    “Te gustaría lamerlo, ¿verdad?” dijo, con voz suave, casi maternal. “Eso solo es un privilegio al alcance ...
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