1. Venganza contra un viejo mujeriego I


    Fecha: 28/04/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Anónimo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... cara. Luego el siguiente en su pecho, luego otro, luego otro y otro. Finalmente se detuvo pero mi esposa comenzó a chuparle la cabeza de la polla y a limpiarla. Hizo un buen trabajo lamiéndole la polla para asegurarse de que no se le escapara ni una pizca de la boca.
    ― Bueno, mi amor, ¿disfrutaste de tu recompensa?
    ― Sí, mucho.
    ― ¡Llámame señor!
    ―Sí, señor.
    Entonces empezaron a besarse apasionadamente. Eso fue el colmo, hasta le entregaba los labios a ese cochino viejo. Ambos estaban cubiertos de semen y sudor. Ella tenía tan mal aspecto como él. Era una visión extraña su hermosa figura de bellos pechos contra la vieja barriga cervecera y el cuerpo regordete.
    ― Deberías volver con tu marido, podría venir a buscarte
    ― ¡Chin, tienes razón!
    ―La próxima vez espero no tener que secuestrar un perro para traerte aquí.
    ― ¿Qué hiciste qué? ―preguntó ella.
    ―Tomé prestado el perro de ese viejo para atraerte hacia aquí. Cuando te acercaste, lo dejé salir por la puerta trasera y escuchaste el ladrido.
    ― ¡Imbécil! No ves que ya es un señor mayor ―dijo mi esposa que parecía un poco alterada.
    ― Oye, te divertiste, ¿verdad? Quiero decir que todavía no puedes soltarme la polla ―Él tenía razón en que ella seguía desnuda y usando ambas manos para tirar de su polla.
    ― Bueno, es ...
    ... que es impresionante ―le respondió ella y le dio un último lametón. Luego se limpió y se vistió, pero seguía sucia y sudorosa.
    ― ¿Vas a venir esta noche?
    ―No, no creo que debamos hacer esto de nuevo.
    Él se quedó allí tumbado, aún desnudo, y le agitó la polla diciendo ―Volverás, una vez prueban mi verga todas vuelven.
    Ella caminó de espaldas a la puerta sin apartar la mirada de la polla y le dijo― Solo tendremos sexo cuando yo lo decida.
    Luego salió y se fue hasta la fiesta. Entonces me di cuenta de que me había corrido en mis pantalones. Corrí a casa y me cambié antes de que Sheila llegara.
    ― Hola cariño, ¿dónde has estado? ―Le pregunté cuando llegó.
    ―Bueno, me llevó un tiempo encontrar el perro de Joel. ¿Por qué estás aquí?
    ―Tuve que cambiarme los pantalones, se mojaron y Carlos llamó por cosas del trabajo. ¿Por qué estás tan sudorosa?
    ― Bueno, el calor está horrendo, ¿qué esperabas? ―dijo nerviosa.
    ― Vale, bueno, no estaré en casa durante unos días esta semana. ¿Crees que puedes arreglártelas sin mí?
    La vi en el espejo de la escalera sonriendo― Creo que me las arreglaré.
    Pero en mis adentros estaba furioso con ella, estaba decidido a contarle todo a Uriel y vengarnos ambos de las putas de nuestras esposas y el vejete de Bernabé. Pero eso lo contaré luego… 
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