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DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP1
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Hoy en día, soy un hombre gustos sexuales extravagantes, al que le encanta ser castigado . En particular, recibir azotes, ya sea con instrumentos de castigo o con una mano enguantada, y la verdad es que aguanto bastante. Disfruto mucho y, a la vez, sufro mucho. No me gustan los simples juegos de azotes, los juegos de salón donde el dolor es una sugerencia y las marcas son un adorno efímero. Yo voy más allá. Busco sesiones duras, de verdadero castigo, de azotes severos que dejen su firma en mi piel durante semanas, marcas que son un recordatorio físico de la sumisión. Pero hay algo más, una forma especial de vivirlo que, después de este relato, comprenderéis por qué tengo esa afición, por qué esa necesidad se ha convertido en el eje de mi existencia. Todo viene de algún momento, de un origen que define toda una vida, y mi momento fue duro, tan brutal y transformador que hoy no hay día que no lo recuerde. Y al hacerlo, mi boca no solo emite una sonrisa, sino que siento un escalofrío, una mezcla perfecta de terror y gratitud, porque ese momento fue lo que me hizo finalmente libre. Y no, esto no es un relato de cuentos de hadas. No es una fantasía edulcorada donde el dolor es un preludio del amor romántico. Esto es un relato crudo, un relato de azotes y de algo mucho más duro. Aquí no aparecen mujeres de revista, diosas de plástico con látex de fantasía. Aquí está ella, mi mentora en el arte del dolor y los azotes. Una señora ya mayor que no resultaría atractiva para la ...
... mayoría de ustedes debido a su edad, pero para mí es algo que recuerdo a diario con una devoción que roza lo sagrado. Recuerdo su cuerpo ya viejo, sus formas flácidas y su piel arrugada, pero sobre todo recuerdo su carácter severo y estricto, una autoridad que no necesitaba gritar para imponerse. Ella fue, sin duda, la mujer más cruel que he conoció, y esa crueldad, esa capacidad para desgarrarme el alma y la piel, fue lo que me liberó. Para empezar a comprender esta historia, debo decir que yo vivía con mi madre. Mi madre se había divorciado de mi padre y nos habíamos alejado para vivir a las afueras de la ciudad, a una zona tranquila de casas bajas con jardines donde se respiraba un aire puro que olía a tierra húmeda y a libertad. Ninguno de los dos queríamos saber nada de mi padre, un verdadero cretino cuyo recuerdo intentábamos borrar con cada nuevo amanecer en aquel lugar. Allí, la vida era feliz. Al menos, lo era para mí. Yo fingía que estudiaba porque apenas tocaba un libro; Me pasaba el día fuera, bajo el sol, con mis nuevos amigos, haciendo de las nuestras, descubriendo los límites de la travesura y la adolescencia. Era feliz. Mi madre, en cambio, había encontrado una nueva rutina. Se había hecho gran amiga de la vecina, una mujer mayor, una presencia fija y silenciosa en la casa de al lado. Desconozco qué edad tendría en aquel momento la vecina , setenta, quizás ochenta años, una señora mayor con el rostro ya curtido por décadas de soledad y un aspecto rechoncho y ...