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DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP1
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... vieja señora se entrometía en nuestras vidas y opinaba de todo, como si nuestra casa fuera una extensión de la suya. Sobre todo, me enfurecía cómo mi madre, con una ingenuidad que me resultaba dolorosa, le contaba a la vecina Eulalia cada una de mis travesuras, y cómo ella, muy seria, con el ceño fruncido, le indicaba que debía usar mano dura conmigo, que "un joven sin disciplina es un problema para todos". La odiaba por su edad. No era una mujer atractiva; ya era una mujer mayor, una abuela, y su cuerpo rechoncho me resultaba repulsivo. No me gustaba su manera de vestir, siempre con su falda larga y oscura, sus medias y, por supuesto, su delantal inmaculado. Pero lo que más odiaba profundamente, con una aversión visceral, eran aquellos guantes de goma que siempre llevaban enfundados en sus manos. Unos guantes de goma amarilla, ya con tonos marrones de suciedad y grasa pegada, permanentemente manchados. Ella tenía una extraña fobia y muy rara vez se quitaba los guantes de goma; siempre los llevaba anclados en el delantal de su cintura y, llegado el momento, se los ajustaba para coger una taza de café. No se los quitaba ni para tomarla o incluso agarrar una pasta dulce. A solas, le indicaba a mi madre que era muy extraño lo de los guantes de la señora Eulalia. Ella me dijo que tenía una fobia a tocar las cosas, que cada uno tenía sus manías y que no debíamos entrometernos, que no hacía daño a nadie con sus guantes. Yo seguía protestando, indicando que al menos podría ...
... llevar guantes limpios. Os aseguro que olían a goma ya pasada, a químico rancio. Si te sentabas a su lado, olían a suciedad, a un dulzón desagradable. Incluso al entrar a casa, detectaba si había estado la señora Eulalia porque dejaba un olor a goma podrida que a veces llegaba al umbral de mi olfato. Mi madre decía que exageraba y defendía a la señora Eulalia. Ese era otro gran motivo para odiarla: defendía a ella y no a mí. La señora Eulalia no se amedrentaba ante mí; Todo lo contrario, se crecía y era más inteligente que yo. Sabía cuándo recriminarme algo, sobre todo en ausencia de mi madre. El momento perfecto era cuando mi madre se levantaba a por el café que se estaba preparando en la cocina. "No tienes educación", me dijo entonces, su voz un susurro cortante. "No te han educado como mereces. Da gracias que yo no sea tu madre, te aseguro que me respetarías sin rechistar". Yo me burlaba de ella, con burlas y con mi sonrisa de adolescente seguro de sí mismo. "Ohhhh, qué miedo", decía con tono sarcástico, lleno de burla. Ella me contestaba, su voz sin un ápice de humor. "Te aseguro que te borraría la sonrisa de la cara y se convertiría en lágrimas". Yo continuaba su juego riéndome: "¿Me castigarías sin dejarme salir a la calle?". Continuaba burlándome con ironía y sarcasmo. Ella, con tono serio y molesto, con una mirada que decía la verdad, volvió a contestarme: "Te azotaría en mi regazo hasta que aprendieses a obedecer. Te dejaría el culo tan magullado que no podrías ...