1. DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP1


    Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... sentarte en semanas, y te aseguro que obedecerías todo o volverías a mi regazo y continuaría hasta dejarte sin lágrimas de tanto dolor". Yo tragaba saliva. Sus palabras me intimidaban, su mirada, la forma en que me apuntaba con su dedo de goma enfundado en su guante, o incluso a veces, cómo sujetaba los guantes en sus manos desnudas, agarrándolos por el extremo y los chocaba contra la palma de su otra mano, produciendo un fuerte chasquido en la habitación, intentando imitar un azote. Yo quedaba susto por dentro, aunque intentaba disimularlo con una sonrisa burlona. Fue cuando prometió una amenaza que era una verdad como un mandamiento que debía cumplirse: "Te prometo que llorarás un día cuando te azote. Se borrará tu sonrisa de tu rostro y solo pensarás en pedirme perdón".
    La conversación parecía haber quedado  zanjada al entrar mi madre en la habitación con la bandeja de café y pastas. Pero a mi madre se le había olvidado traer cucharillas y se levantó de nuevo a la cocina. Fue en ese instante cuando la vieja señora Eulalia agarró una pasta dulce entre su guante de goma asqueroso. La estrujó, haciéndola añicos con la palma de su guante sucio y con tonos marrones, y la llevó a mi boca, forzándola dentro de ella metiendo sus dedos enguantados. Me dio asco la pasta aplastada y el sabor podrido de sus guantes. Ella se rió, una risa baja y cruel, y yo escupí la pasta bajo su burla.
    Supe que aquella señora podía ser una vieja chiflada y no era consciente de lo que me esperaba, ...
    ... algo que sucedió y os contaré y por lo que agradezco aquel día con toda mi alma, convirtiéndome en lo que soy hoy en día.
    Aquel día, mientras mi madre y la señora Eulalia tomaban su café como habitualmente hacían, sonó el teléfono de casa. En aquel entonces no había teléfonos móviles, solo ese aparato negro y pesado colgado en la pared del pasillo. Mi madre contestó, y al instante su rostro cambió. La vecina escuchó como  su voz se quebraba, cómo las palabras se le ahogaban en la garganta. Recibió una pésima noticia: su hermano mayor, mi tío, había sufrido un terrible accidente de coche y lo iban a operar de inmediato, estando en juego su vida.
    Mi madre se puso muy nerviosa, llorando, desorientada. Caminaba de un lado a otro del salón sin saber qué hacer, debía irse de inmediato a la ciudad, al hospital. Fue entonces cuando se acordó de que no podía marcharse y dejarme allí solo en casa; a su regreso se encontraría algún problema serio, o eso creía ella. La vieja Eulalia, que había observado la escena con una calma casi inhumana, sabía perfectamente lo que hacía. Le indicó a mi madre que yo me quedaría en su casa. Mi madre, entre sollozos, dijo que quizás no era una buena idea, que yo no me portaba bien con ella. Eulalia la convenció con una voz suave y tranquilizadora, diciendo que no pasaría nada y que así tendrían oportunidad de hablar y zanjar sus diferencias. Finalmente, mi madre quedó convencida, desesperada por cualquier solución. Abrazó a Eulalia, quien a la vez la ...
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