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DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP1
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... grande, como un árbol antiguo y robusto. Pero no os imagináis una anciana frágil, no lo era ; Era solo una mujer mayor con mucha más edad que mi madre y que, para mí, podía ser mi abuela. Mientras yo me perdía en las calles polvorientas de aquel lugar libre, jugando al fútbol o haciendo gamberradas de las nuestras, mi madre se pasaba el día con la vecina, a quien formalmente llamaban en el pueblo la señora Eulalia. Odiaba llegar a casa y encontrarme a mi madre riendo con la señora Eulalia, sentadas cómodamente en el sofá de casa, como si fueran dos adolescentes compartiendo secretos. Se contaban sus cosas, sus recuerdos, un pasado que parecía unirlas más que la sangre. Mi madre veía a la señora Eulalia como una madre que nunca tuvo, y la señora Eulalia, a su vez, la trataba como a la hija que le había negado. Yo, sin embargo, veía a la señora Eulalia como una vieja amargada, siempre con sus aires de superioridad y aquel tono de voz de arrogancia y autoridad que me ponía los pelos de punta. Por algún extraño motivo, a mi madre le agradaba excesivamente la señora Eulalia; la hacía caso en todo, se dejaba aconsejar, le pedía opinión en cada decisión, y lo peor de todo es que luego obedecía y hacía cuanto había indicado la señora Eulalia. Ya fuera algo simple como qué cortinas poner o qué decoración elegir, la señora Eulalia opinaba y al día siguiente mi madre lo hacía tal y como la vieja señora había indicado, dándole las gracias como si fuera un oráculo. O incluso en la forma ...
... de llevar el pelo o de vestirse, cuanto opinaba Eulalia, ella lo hacía, y mi madre estaba siempre agradecida. Yo, sin embargo, provocaba a la señora Eulalia. No lo hacía abiertamente delante de mi madre; lo hacía de forma disimulada, en una guerra silenciosa que solo ella y yo entendíamos. Entraba en casa y no saludaba a la señora Eulalia, sabía que eso la molestaba profundamente, una falta de respeto que la hacía fruncir el ceño por un instante. Usaba malos modales a propósito, ella lo interpretaba como un desafío directo. Cuando mi madre no me miraba, le hacía gestos de burla y le mostraba una sonrisa burlona, y la señora Eulalia me devolvía el gesto con una mirada helada, una promesa silenciosa de venganza. Cuando mi madre no estaba presente, ella también se vengaba, pero a su manera. Me hablaba siempre en un tono serio y pretendiéndome meterme miedo, su voz se volvía baja y amenazante, como si estuviera a punto de revelar un secreto terrible sobre mí. "Los jóvenes malcriados acaban siempre llorando", me susurró una vez, pasando a mi lado con una taza de té humeante en la mano. Nos odiábamos disimuladamente, sabíamos que el otro lo sabía, y manteníamos esa tregua frágil por el bien de mi madre, pero la tensión era palpable, una corriente eléctrica en el aire cada vez que nos encontrábamos en la misma habitación. La odiaba por su arrogancia y altivez, por la manera en que dominaba a mi madre y cómo esta obedecía fielmente cada una de sus indicaciones. Odiaba cómo aquella ...