-
DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP1
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... consolaba y le decía que no sería nada grave. Mi madre preparó una maleta a toda prisa para marcharse de inmediato a la ciudad. Llamó a un taxi que acudió enseguida, y antes de subir, le dijo a Eulalia que esa noche la llamaría a casa para comprobar que todo iba bien entre yo y ella y para contarle cómo estaba su hermano. Así fue como aquella tarde regresé a casa y me encontré mi casa vacía cerrada y sin rastro de mi madre. La vecina, asomada en su ventana, me esperaba. Salió a mi encuentro ante la puerta de mi casa y me explicó todo lo sucedido. La verdad es que no sentí apenas nada; apenas conocía a mi tío. Pero sí sentí un escalofrío de terror cuando me dijo que pasaría la noche en su casa y quién sabe si el día siguiente, dependiendo de cómo estuviera mi tío. Aquella idea no me gustaba nada, pero no había otra opción; la otra alternativa era quedarme en la calle, ya que no tenía las llaves de casa. Así fue como entré a regañadientes en casa de la vecina Eulalia. Nunca había estado en esa casa. Nada más cruzar la puerta, apareció un salón grande, adornado de forma antigua. Muebles oscuros y pesados, un sofá de tapizado gastado, una lámpara de araña que apenas iluminaba la penumbra. Había poca luz y olía a algo extraño, a cerrado, a polvo acumulado durante años, o quizás, simplemente, olía a ella. Me quedé mirando el salón de un lado a otro, sintiéndome un intruso, mientras la vieja Eulalia cerraba la puerta con un sonido sordo y definitivo. Observé cómo cerraba la ...
... puerta con una llave antigua y, con una naturalidad que me sobresaltó, se guardaba la llave de forma ordinaria dentro de su escote, en el interior de su sujetador, bajo el vestido, entre sus enormes pechos. Quede extrañado, pero en ese momento comprobé con una certeza heladora que ahora estaba encerrado en su casa y no podría salir sin esa llave. Desanudó los guantes que llevaban colgados de su delantal, sus guantes de goma de fregar que tanto odiaba por el aspecto marrón que tenían y el olor que producían. Comenzó a enfundarse los guantes en sus manos y brazos carnosos. La goma se estiraba al entrar, muy apretada, marcando sus brazos flácidos como si fuera a estallar en cualquier momento de lo apretados que quedaban hasta el codo, hundiéndose en su carne. Agarró una silla de madera alta y la colocó en el centro de la habitación. Antes de sentarse, se despojó de su delantal. Yo la miraba perplejo, sin saber qué sucedia, extrañado, sin comprender nada. Ella se quitó el delantal y después su vestido, quedando en ropa interior. Ese día llevaba unas medias marrones oscuras hasta los muslos y unas bragas blancas, gruesas, de algodón basto, que cubrían todo su culo y su cintura. Dobló perfectamente su vestido sobre una mesa y se dirigió de nuevo a la silla. Tiró de sus medias marrones hasta los muslos, subiéndoselas, y se sentó en la silla. Yo estaba sin comprender nada. Ella estaba casi desnuda, mostrándome su cuerpo obeso de vieja, carnoso, con sus enormes pechos colgando bajo el ...