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DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP2
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... infierno, mi madre y la señora Eulalia reían en mi casa, en el salón, disfrutando del café y las pastas típicas que sacaba mi madre. Mi madre se preguntaba dónde estaría yo. La señora Eulalia le quitó importancia, le aseguró que no volvería a desobedecer, que había hablado conmigo, y mi madre sabía que era verdad y no debía preocuparse. La señora Eulalia era cruel, mientras reía con mi madre, no paraba de recrearse en su interior, sabiendo que estaba en su casa, con el culo ardiendo, sufriendo en silencio por ella. La situación la excitaba tanto que, bajo la mesa, mientras mi madre le contaba anécdotas de su día, la señora Eulalia metió una mano por debajo de su vestido. Su dedo de goma lo introducía levemente en su coño, moviéndolo suavemente, mientras sonreía y asentía a lo que mi madre decía. Mi madre no se enteraba de nada, y la señora disfrutaba y saboreaba la situación, era terriblemente cruel, una doble vida de sadismo y dulzura que me helaba hasta los huesos. Llegó la noche. La señora Eulalia se despidió de mi madre con una sonrisa y volvió a su casa. Me encontró llorando de tanto dolor, causado por los supositorios y el culo ardiendo, un río de lágrimas y miseria que no cesaba. Ella se reía, una risa que sonaba como música del infierno en mis oídos. "¿Has aprendido la lección, pervertido ?", me dijo, y yo solo podía asentir, un movimiento mínimo de mi cabeza, mientras el ardor y el dolor me consumían. Aquel día, la señora Eulalia no solo me castigó, me destruyó y ...
... me reconstruyó a su imagen y semejanza, y supe que nunca más podría escapar de su poder. Me liberó del rincón, y yo caí al suelo, llorando incontrolablemente. Sacó mi mordaza, y por fin pude respirar aire limpio, pero mi boca era un vertedero, un estercolero con el sabor a caca de sus bragas impregnado en cada rincón de mi lengua. La vieja señora se colocó en la silla, como hizo en mi primer castigo, mirando al respaldo con las piernas abiertas a cada lado de la silla, levantando su vestido. No llevaba bragas, y observaba su enorme culo. Ella, abriendo las nalgas con sus manos enguantadas, dijo con su voz autoritaria: "A lamer mi culo y pedir perdón". Era su forma de humillarme tras cada castigo, un ritual de sumisión. Así lo hice, pero sin excitación era mucho más difícil. Ese día, el culo de la vieja Eulalia olía muy fuerte. Antes de mi castigo, había ido al baño y se había limpiado con las bragas, llevaba el agujero de su culo sucio. Olía fatal, y el sabor fue terrible mientras lamía, pero no me atrevía a desobedecer. Introducía la lengua en su culo agujero mientras suplicaba perdón a la señora Eulalia, mis palabras ahogadas por el asco y el dolor. Ella se reía, y ese día prolongó la humillación. No cesaba de lamer su culo; si me detenía, ella me recriminaba, gritando que metiese la lengua. Lamía y lamía su culo una y otra vez sin cesar. "Así vas a estar hasta que yo lo decida", decía, y seguía con la lengua dentro de su ano, lamiendo sin parar, mi mundo reducido a su ...