1. DISCIPLINA. LA SEÑORA EULALIA. CAP2


    Fecha: 10/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... olor, su sabor y su poder absoluto sobre mí.
    
    Desde aquel nuevo castigo, aprendí a obedecer por completo a la señora Eulalia. Ahora se había apoderado de mi voluntad por completo; sus órdenes fueron más estrictas y severas, me tenía controlado a cada instante y debía cumplir sus órdenes sin dudarlo. Era completamente servicial, tanto con la señora Eulalia como con mi madre, un eco perfecto de su voluntad.
    El "rincón de castigo" se convirtió en un lugar cotidiano para mí, una segunda estancia en su propia casa de castigo . A la señora Eulalia la encantaba azotarme, y lo hacía por dos motivos. El primero, porque mi sufrimiento le causaba un profundo y palpable placer, una excitación que notaba en el temblor de sus manos y en el brillo de sus ojos. El segundo, porque cada azote la acercaba a su objetivo: disciplinarme, moldearme hasta volverme perfectamente obediente. Llevaba el culo siempre marcado por su correa, un mapa de mi sumisión. Cuando las marcas comenzaban a palidecer, cuando mi piel empezaba a sanar, ella me ordenaba con una voz firme: "Al rincón". Me inculcaba que siempre llevaría el culo marcado para que recordase, con cada paso, lo que significaba la disciplina.
    El ritual era siempre el mismo, una danza macabra que conocía de memoria. Ella me esposaba las manos fuertemente a la espalda, anclaba el collar de mi cuello al aro de la pared con un candado y me amordazaba con sus bragas para que no pudiese quejarme ni sobre todo, para que los vecinos no escucharan ...
    ... mis lamentos. Os puedo asegurar que reconocería el sabor de sus bragas en cualquier lugar. Las he llevado tantas veces en la boca, siempre sucias, a veces excesivamente sucias. La señora se reía al mostrármelas, observando con deleite mi temor al comprobar que mi boca se convertiría una vez más en el estercolero de su culo.
    Me inclinaba y notaba el calor de su coño pegado a mi espalda mientras agarraba mi pene con su guante de goma y me masturbaba con una técnica brutal, diseñada para quitarme toda excitación. Era terriblemente cruel. Yo intentaba suplicar que no lo hiciera, que me azotara directamente, pero con la mordaza llena de su suciedad no podía articular palabra. Y una vez vacío, sin excitación, me dejaba el culo al rojo vivo con la correa. El dolor era tan puro, tan absoluto, que a veces, solo con sentir su guante rozarme minutos después, mi cuerpo reaccionaba de forma  dolorosa y humillante.
    Tras terminar el castigo, mientras yo temblaba en el rincón de castigo , suspiraba y me decía con una falsa compasión: "¿Qué voy a hacer contigo? No aprendes a desobedecer". Agarraba la caja de sus supositorios y mi corazón se helaba. Sabía que tendría un fuerte escozor durante una hora, quizás más, mientras ella presionaba con su dedo enguantado el supositorio para que entrara bien profundo en mi culo, hundiendo la tortura en mi interior.
    A veces, la crueldad de Eulalia alcanzaba cotas de sadismo refinado. Tomábamos café en el salón de mi casa con mi madre mientras yo llevaba ...
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