1. la vieja psicopata sádica


    Fecha: 02/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... un manto negro que me devoraba. Intenté escapar, tirar de la cadena, pero el collar se clavaba en mi cuello y el anclaje era de hierro sólido. Intenté pedir ayuda, pero mis gritos eran solo mudos y ahogados susurros contra la humedad fecal de mis propia mordaza. Era inútil, no podía hacer nada. Y el dolor en mi culo era una hoguera constante, un pulsar agudo que me recordaba cada segundo mi humillación y mi cautiverio. Estaba solo, roto y completamente a su merced.
    
    La puerta se abrió a medianoche. Llevaba horas allí encerrado, un espectro atrapado en la oscuridad, inmovilizado y amordazado. Era hora de culminar su castigo. Entró ella, una silueta enorme bajo la tenue luz que se filtraba desde el exterior, llevando en sus manos una olla de metal con una tapadera. Cerró la habitación con el candado, quedando ambos encerrados dentro. El eco del metal fue el sonido de mi tumba. Agarró de nuevo la silla y la colocó frente a mí, donde yacía inmovilizado por la cadena. Se sentó en la silla y  dejo la cazuela cerrada a sus pies, junto a sus botas de goma, y comenzó a colocarse de nuevo sus guantes. Chirriaban al enfundárselos en sus manos gordas, y la goma apenas cedía en cada tirón, tensándose sobre su carne como una segunda piel resistente y sucia. Abrió la cazuela y me mostró el interior. Allí había una comida que detestaba con cada fibra de mi ser: aquella hortaliza blanca, redonda y absurda. La coliflor.
    La vieja señora siempre estaba cotilleando y sabía todo de todos. ...
    ... Conocía la última discusión que tuve con mi madre por la dichosa coliflor que tanto odiaba. Aquel día me enfurecí, tiré el plato entero a la basura y le grité a mi madre. Aquello lo escuchó la vieja chiflada, siempre al acecho. Ella sonrió, una mueca cruel en su cara arrugada. "Ahora te vas a comer todo. A mí no me vas a hacer lo que le hiciste a tu madre". Era un nuevo castigo, extraño y perverso. Con una brusquedad dolorosa, arrancó la cinta americana de mi boca, raspándome la piel al despegarla de lo fuerte que estaba. Sacó sus bragas sucias de mi boca, y yo respiré exhausto, con la garganta seca y adolorida. Intenté pedir clemencia, pero ella solo me mandó callar. "¡Cállate, estúpido!", y me soltó una terrible bofetada con su guante de goma que me dejó aturdido, el zumbido en mis oídos ensordecedor.
    
    Sacó de su delantal una pinza de madera, de las de colgar la ropa, y la colocó con fuerza sobre mi nariz, apretando hasta que el dolor fue punzante. Tenía que tener la boca abierta para poder respirar. Observé con horror cómo se inclinaba y metía su guante de goma sucio, ya casi marrón de la grasa y la suciedad pegajosa, dentro de la cazuela. Agarró un trozo de coliflor, empapado en un agua turbia, y lo metió en mi boca con sus dedos enguantados. Fue asqueroso. La textura blanda y repulsiva de la coliflor se mezclaba con el sabor rancio y podrido de su guante. Mi estómago se revolvió, pero la pinza en mi nariz me obligaba a tragar para no ahogarme y dejar la boca vacía para ...
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