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la vieja psicopata sádica
Fecha: 02/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: scatgummi, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... impotencia. En su regazo, inmovilizado, no podía emitir sonido alguno. Lo único que se oía en la habitación era el sonido siniestro y rítmico de la correa estrellándose contra mi culo y mis muslos, y su voz, recriminándome. "Mamá te tiene que castigar. Has sido un muchacho malo". Era una vieja chiflada azotándome duramente, un castigo tan doloroso como injusto, y yo, su niño sumiso, recibía cada latigazo como el único castigo que merecía. El castigo se prolongó por lo que pareció una eternidad. El tiempo se había disuelto en una espiral de dolor rítmico. Llevaba ya una hora sobre su regazo, un peso muerto y sufriente, mientras la correa no daba tregua. El dolor era terrible, una marea creciente que amenazaba con ahogarme. Cada vez que un quejido se agitaba en mi garganta o un pensamiento de clemencia nacía en mi mente, solo conseguía degustar con más intensidad la presencia de las bragas en mi boca. Mi boca se había convertido en un vertedero de basura, y todo sabía a su caca. El sabor rancio y fecal era mi única realidad, un recordatorio constante de mi total degradación. Estuvo más de una hora azotándome. Cuando por fin se detuvo, no fue por piedad. Se detuvo porque su obra estaba terminada. Me dejó sobre su regazo, temblando y vencido. Mi culo era un campo de batalla, un mapa del dolor marcado y magullado. La carne estaba destrozada, un lienzo de morados, rojos violentos y marcas. Sabía, con una certeza absoluta, que no podría sentarme en semanas, que cada ...
... movimiento me recordaría este momento, este suplicio. Me había dejado un aspecto terrible, una prueba indeleble de su autoridad y mi sumisión. Su castigo no había terminado. Con un último y brutal tirón de pelo, me bajó de su regazo y me arrastró por el suelo de cemento como si fuera un saco de basura. Me llevó a un lado oscuro de la habitación, donde una gruesa cadena de metal estaba anclada a la pared. En su extremo, un collar de metal, frío y pesado, con una argolla de perro. Me lo colocó alrededor del cuello con una violencia que me hizo chascar los dientes contra la tela sucia en mi boca. Cerró el candado con un chasquido final y definitivo. Quedé encadenado a la pared por el cuello, como a un animal al que se trata con el máximo desprecio. Me miró con una cara de odio puro, una expresión que no contenía ni una pizca de humanidad. "Ahí te quedarás hasta que aprendas a respetarme", siseó, sus palabras una sentencia. Y entonces se marchó. Escuché cómo cruzaba la habitación, el sonido de sus pasos de sus botas de goma pesadas, el chirrido de la puerta al abrirla y, por último, el eco metálico del candado exterior siendo cerrado. El silencio que siguió fue absoluto y aterrador. Nadie podría escucharme allí, encerrado en aquella habitación a oscuras, inmovilizado, amordazado por sus bragas apestosas y encadenado a la pared como un perro rabioso. Me dejó horas allí encerradas. El tiempo se perdió de nuevo, pero esta vez en un vacío frío y solitario. La oscuridad era total, ...