1. El trailero y la guardia Nal.


    Fecha: 09/09/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: MonicaZaragoza, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... lengua por los labios, le respondí que sí.
    
    Sus ojos se encendieron con una chispa de deseo. Sin decir una palabra, tomó mi mano y la llevó hasta su entrepierna. Sentí la dureza de su miembro a través de la tela de sus jeans. Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo.
     
    —¿Te gusta lo que sientes, mi reyna? —susurró con voz ronca, acercándose a mi oído.
     
    Asentí lentamente, sin poder apartar la mirada de sus labios. Él sonrió con picardía y comenzó a acariciar mi mano sobre su erección. El calor se concentraba en mi vientre, y la excitación crecía a cada segundo.
     
    —Quiero sentirte, mi amor —dije con voz temblorosa.
     
    Héctor soltó una carcajada y me miró con intensidad.
     
    —Tendrás que esperar un poco, preciosa. Pero te prometo que la espera valdrá la pena.
     
    Con una sonrisa traviesa, volvió a poner sus manos en el volante y continuó conduciendo hacia la noche. La tensión en la cabina del tráiler era palpable, y cada mirada, cada roce accidental, encendía aún más la llama de la pasión entre nosotros.
    
    La tensión en la cabina era casi palpable. Héctor conducía con una mano en el volante y la otra acariciaba mi muslo, subiendo lentamente bajo la corta falda. La tela apenas me cubría, y su tacto me hacía estremecer.
     
    —¿Estás segura de que quieres esperar? —susurró con voz ronca.
     
    Lo miré a los ojos, sintiendo el deseo apoderándose de mí. La carretera se extendía oscura frente a nosotros, pero mi atención estaba completamente centrada en él.
     
    —No creo ...
    ... poder esperar mucho más —respondí con la voz entrecortada.
     
    Héctor sonrió con picardía y estacionó el tráiler a un lado de la carretera, en un lugar apartado y oscuro. Apagó el motor y la cabina quedó en silencio, solo interrumpido por nuestra respiración agitada.
     
    —Entonces, hagamos esto bien —dijo mientras se acercaba a mí.
     
    Con cuidado, me tomó entre sus brazos y me sentó en su regazo, frente a él. Mis piernas quedaron a horcajadas sobre su cuerpo, y sentí su erección presionando contra mi entrepierna. Era una tortura deliciosa.
     
    —¿Lista para complacerme, mi reyna? —preguntó con una sonrisa lasciva.
     
    Sin responder, comencé a desabrochar su pantalón. Mis manos temblaban mientras liberaba su miembro, que saltó a la vista, grande y erecto. Lo tomé entre mis manos y comencé a acariciarlo suavemente, disfrutando de su gemido de placer.
     
    —Eres una experta, ¿verdad? —dijo con la voz entrecortada.
     
    Sonreí con picardía y acerqué su miembro a mis labios. Lo lamí lentamente, saboreando su sabor salado y sintiendo su pulso acelerado. Él cerró los ojos y se dejó llevar, gimiendo de placer mientras yo lo complacía con cada movimiento de mi boca. La noche en la carretera se convirtió en un torbellino de sensaciones, un juego de placer y deseo que nos consumía por completo.
    Sentí su cuerpo tensarse bajo mis manos mientras aumentaba la intensidad de mis movimientos. Sus gemidos se hicieron más fuertes, más profundos, llenando la cabina del tráiler con una sinfonía de ...
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