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El trailero y la guardia Nal.
Fecha: 09/09/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: MonicaZaragoza, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... placer. Me aferré a él con fuerza, disfrutando de cada segundo de esta conexión íntima y salvaje. De repente, sentí que su cuerpo se estremecía con fuerza. Sus gemidos se convirtieron en un grito ahogado, y su semen caliente inundó mi boca. Tragué cada gota, saboreando su esencia y sintiendo el poder de su orgasmo. Cuando terminó, se desplomó sobre mí, jadeando y temblando. Lo abracé con fuerza, besando su cuello y susurrando palabras de cariño en su oído. —Eres increíble —dijo con voz ronca. —La mejor mamada que he tenido en mi vida. Sonreí con orgullo y lo besé con pasión. La noche era nuestra, y el deseo entre nosotros era insaciable. Sabía que esta era solo la primera de muchas noches de placer y aventura en la carretera.l silencio posterior al clímax fue interrumpido por un fuerte golpe en la puerta del tráiler. Héctor y yo nos sobresaltamos, separándonos bruscamente. Antes de que pudiéramos reaccionar, la puerta se abrió de golpe, revelando la figura imponente de un elemento de la Guardia Nacional. La luz de la linterna del oficial iluminó el interior de la cabina, revelando una escena comprometedora. Héctor, con el pantalón desabrochado y la camisa a medio abotonar, intentó cubrirse torpemente. Yo, aún arrodillada sobre el asiento del copiloto, fui alcanzada por el haz de luz. Mi falda se había subido hasta la cintura, dejando al descubierto mis nalgas y la entrepierna, sin ropa interior que las cubriera. El oficial de la Guardia Nacional ...
... nos miró con incredulidad, su rostro reflejando una mezcla de sorpresa y desaprobación. La situación era surrealista, casi cómica, pero el miedo comenzó a apoderarse de mí. ¿Qué iba a pasar ahora? Héctor se puso aún más nervioso, su sonrisa temblorosa contrastando con la seriedad del rostro del oficial. Intentó articular algunas palabras, pero solo logró balbucear incoherencias. —Buenas noches, oficial... eh... todo está en orden aquí, solo... —su voz se apagó al ver que el elemento de la Guardia Nacional no apartaba la mirada de mí. Para mi sorpresa y creciente incomodidad, el oficial extendió su mano y, sin decir una palabra, la deslizó entre mis piernas expuestas. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, mezclando excitación y temor. Su tacto era firme y directo, y su mirada fija en mis ojos me hacía sentir vulnerable y expuesta. —¿Todo en orden, dice? —preguntó con voz grave, sin apartar su mano de mi entrepierna. —No parece que todo esté en orden aquí, señor... ¿Héctor, verdad? La situación se había vuelto aún más tensa y peligrosa. No sabía qué esperar, ni cómo reaccionar. El control parecía haber escapado de mis manos, y me encontraba a merced de las acciones de este oficial de la Guardia Nacional. El oficial paseó su mirada entre Héctor y yo, evaluando la situación con frialdad. Su mano seguía posada en mi entrepierna, ejerciendo una presión sutil pero intimidante. —Veo que tenemos un pequeño problema aquí —dijo con voz pausada, pero cargada de ...