1. SIN NOMBRES


    Fecha: 21/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: La señora M, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... frente: la sequedad, que a veces hacía que el sexo con Gonzalo me rozara, me molestara, y yo no decía nada porque me daba vergüenza; el insomnio; los cambios de humor; el cuerpo que se me movió de lugar sin permiso. Y también, y esto es lo que nadie te cuenta, un deseo raro, nuevo, desordenado. Un calor que me subía de la nada, a media tarde, mientras pelaba papas. Ganas. Ganas de qué, no sabía. Ganas.
    
    Una insatisfacción chiquita, la verdad. Nada grave. Nada que justifique nada.
    
    Hasta que nos fuimos de vacaciones.
    
    Elegimos Bahía Clara, una ciudad costera al sur, con acantilados, playas de arena gruesa y, pegado a la costa, un bosque de pinos enorme que se mete en el pueblo como si la naturaleza estuviera reclamando. Un lugar caro, tranquilo, de esos donde la gente camina despacio. Nos alojamos en el Gran Hotel Bahía Clara, cinco estrellas, porque a Gonzalo y a mí nunca nos faltó el dinero y hacía años que no nos dábamos un lujo así. Suite familiar en el séptimo piso, dos habitaciones, balcón con vista al mar, desayuno buffet, pileta climatizada, spa. Los chicos estaban felices. Gonzalo estaba feliz. Y yo, por primera vez en mucho tiempo, sentí que se me aflojaba algo en el pecho.
    
    Pasamos ocho días. Ocho días de sol, de caminatas por el bosque, de Mateo quejándose del calor, de Valentina sacándose fotos, de Sofi coleccionando caracoles. Días lindos. Días de familia. Días en los que Gonzalo me agarraba la mano al caminar y yo pensaba: mirá qué suerte tuve, mirá ...
    ... qué vida armé.
    
    El antepenúltimo día, Gonzalo tuvo una idea: llevar a los chicos a un camping del bosque, una noche, a hacer fogata y dormir en carpa, cosa de que tuvieran su aventura. Partieron a la tarde con la camioneta, cargados de bolsas, y me dejaron sola en el hotel. "Descansá vos, mi amor", me dijo, y me dio un beso. "Mañana al mediodía estamos de vuelta."
    
    Y yo me quedé ahí, en una suite de lujo, con cuarenta y siete años, una familia perfecta a treinta kilómetros y toda una noche por delante.
    
    Cené liviano en el balcón. Me di un baño largo. Me puse crema. Y a las diez y media, aburrida, con esa sensación rara de tener tiempo, me miré en el espejo y pensé: ¿y si bajo a tomar algo?
    
    No me cambié cinco veces como a los veinte. Me puse un vestido de verano, de esos frescos, color crudo con flores chiquitas, sin mangas, hasta la rodilla, que me marca las caderas y me hace un poco de escote sin esfuerzo. Unos tacos bajos, cómodos. Pelo suelto. Un poco de rímel y un labial apenas. Nada de ropa interior de batalla, pensé: un corpiño común y una bombacha común. Salí al pasillo sin imaginarme absolutamente nada.
    
    El bar del hotel, esa noche, funcionaba como pub. Luces bajas, madera, un piano que nadie tocaba, música a volumen justo, unas doce o quince personas dispersas. Pedí un gin tonic en la barra y me senté en uno de los sillones, cerca de la ventana, mirando el mar negro. Me sentía bien. Me sentía liviana. Me sentía, por qué no decirlo, linda.
    
    Y a los diez ...
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