-
SIN NOMBRES
Fecha: 21/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: La señora M, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... en el pasillo del piso doce, antes de llegar a la puerta, me tomó de la cintura, me dio vuelta, me levantó un poco el mentón con la mano y me besó. Y ese beso, escúchenme bien, ese beso fue el primer beso de verdad que me dieron en veintitrés años. Porque Gonzalo me besa bien, pero me besa como se besa a la esposa: corto, dulce, conocido. Y este chico me besó como si me estuviera comiendo. Me abrió la boca con la lengua sin pedir permiso, me mordió el labio, me sostuvo la nuca con una mano enorme, y me apretó contra la puerta y yo sentí, contra mi cadera, la dureza de él, y se me escapó un gemido en medio del pasillo. Entramos. La suite era más grande que mi living. Y sí, la vista era increíble, un ventanal de piso a techo contra el mar y el bosque, y un jacuzzi redondo, y una terraza. Y una cama enorme. No llegamos a la cama. Al principio no. Me sacó el vestido por la cabeza como si fuera una remera. Se quedó un segundo mirándome en ropa interior común, la de todos los días, y yo pensé por Dios, la bombacha, y él dijo, con una voz ronca: —Estás buenísima. En serio. Estás buenísima. Y me bajó el corpiño de un tirón, me chupó los pezones uno por uno, fuerte, con los dientes justos, y yo gemí y se me doblaron un poco las piernas. Me bajó la bombacha arrodillándose, me la sacó por los tobillos, y me puso la boca ahí, de pie, contra la pared, sin preámbulo, sin "¿te gusta?", sin nada. Me agarró los muslos con las dos manos y me lamió el coño de abajo a arriba, ...
... entero, con la lengua plana, y después me chupó el clítoris con una precisión que me hizo gritar. —Ay, Dios —dije. Nada más. Y él siguió. Y yo pensé: Gonzalo me hace esto dos veces al año, y siempre es un trámite de tres minutos. Este chico se arrodilló y estuvo veinte minutos. Veinte. Me tuvo contra la pared con las piernas temblando, me metió dos, tres dedos, me chupó, me lamió, me volvió a chupar, y me hizo llegar a un orgasmo que me sacudió desde los pies, y cuando yo todavía estaba temblando, sin dejarme bajar, sin sacar la boca, me hizo llegar al segundo. Al segundo. Seguido. Cuando me soltó, yo estaba sin aire y él se paró, se secó la boca con el dorso de la mano, y se sacó la camisa. Y ahí sí que tuve que agarrarme de algo. Ese torso no era de foto: era mejor. Pecho grueso, abdominales marcados, los hombros anchísimos, los brazos como troncos, la espalda con esas líneas que se forman cuando alguien levanta peso desde los quince. Se bajó el pantalón y el bóxer y yo lo vi entero. Y estaba grande. Estaba grande y grueso, con el glande rosado y brillante, parado contra el vientre, y yo, que en veintitrés años solo había tenido un pene en la mano, pensé: me va a partir al medio. —¿Todo bien? —preguntó, con una media sonrisa. —Todo bien —dije, y me arrodillé. Lo chupé con las dos manos y la boca, y él me agarró el pelo y tiró un poco, y gimió, y esa voz grave quejándose por mí, por lo que yo le estaba haciendo, me puso más caliente de lo que había estado ...