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SIN NOMBRES
Fecha: 21/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: La señora M, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... en años. Me levantó por las axilas como si yo pesara la mitad, me llevó a la cama y me tiró de espaldas. Y ahí empezó, de verdad, la mejor noche de mi vida. Me abrió las piernas, se puso entre ellas, y me la metió de una sola vez, despacio, hasta el fondo, y yo grité. Grité fuerte. Porque entró hasta el fondo y me llenó entera y hubo un segundo en el que sentí que me estaba abriendo en dos, y después ya no hubo dolor, solo esa sensación de estar completa, llena, ocupada entera. Y él esperó. Se quedó quieto un momento, con los codos a los costados de mi cabeza, mirándome, respirando. —¿Estás bien? —me preguntó. —Sí —dije—. Sí. Movete. Y se movió. Primero lento. Muy lento. Sacándola casi entera y volviéndola a meter hasta el fondo, con un ritmo que me hacía cerrar los ojos y abrir la boca. Cada embestida lenta me llegaba a un lugar donde nunca me había llegado nadie. Con Gonzalo, que es más bien corto, hay un punto que él nunca toca; este chico me tocaba el fondo del coño con cada movimiento, y yo lo sentía, y gemía con cada uno. Ah. Ah. Ah. Un gemido por embestida, lento, largo. Después aceleró. Y siguió acelerando. Y me agarró de las caderas con las dos manos y me empezó a follar de verdad, fuerte, con el sonido ese, ese sonido húmedo y seco a la vez de dos cuerpos chocando, y la cama empezó a golpear la pared, y yo empecé a gritar. —¡Ay! ¡Ay, sí! ¡Así, así, no pares! Y él no paró. Me folló así, fuerte, diez minutos, sin cambiar de posición, y me ...
... hizo llegar dos veces más, una atrás de otra, y en la segunda yo grité tan fuerte que él me tapó la boca con la mano y se rió. —Los vecinos —dijo. —Que se jodan —dije yo, y me reí y gemí al mismo tiempo. Me dio vuelta. Me puso en cuatro y me agarró del pelo con una mano y de la cadera con la otra, y me la metió desde atrás, y ahí sí que grité de otra manera. Porque desde atrás entra más profundo, y él entraba profundo, y con cada embestida me empujaba hacia adelante y me tenía que agarrar del cabecero. Y me dio una nalgada. Y después otra. Y yo, que nunca en mi vida me había dejado dar una nalgada porque a Gonzalo le daba vergüenza, gemí como una loca. —¡Otra! —dije. Y me dio otra. Y otra. Y después de eso, ya sin ninguna vergüenza, con mi cuerpo suave y rellenito siendo golpeado por ese hombre enorme, con mis pechos rebotando y mi pelo en la mano de él, me folló como se folla en las películas que veía a escondidas cuando era joven. Fuerte. Violento. Salvaje. Me tiró del pelo hacia atrás para que arqueara la espalda, me apretó la nuca contra el colchón, me levantó una pierna, me agarró de la cintura con las dos manos y me la clavó sin piedad, y yo grité, grité, grité, con la cara contra la sábana, mordiendo la funda, gritando su nombre sin saber su nombre. Y me vine otra vez, y él se vino conmigo, adentro, sin condón, y sentí el calor y el pulso y me quedé temblando con la cara pegada al colchón. Se acostó al lado. Los dos sin aire. Y después de un minuto, ...