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Mi salvadora
Fecha: 20/04/2019, Categorías: Sexo con Maduras Autor: eliblanco87, Fuente: CuentoRelatos
... era maja, y parecía gustarle también mi hija o los niños en general. En una de esas veces que nos cruzamos sacó el tema de mi desahucio, y es que alguien habría visto alguna de las notificaciones que me llegaban, y los vecinos como parece ser que se aburren, pues les había dado por hablar y cotillear de lo mío, y ya muchos lo sabían. Unas semanas más tarde, ya con la fecha de mi desahucio fijada y ya muy próxima, Isabel, que así se llamaba la mujer, llamó a la puerta de mi apartamento. En principio solo me preguntaba casi inocentemente qué tal me iba todo, aunque ya se imaginaría lo mal que me iba. Se la veía muy inteligente y observadora, y yo tenía claro que ella sabía con exactitud como era mi situación personal, sin haberle yo contado nada. De hecho, el motivo de su visita era (no me lo podía creer, pensaba que se trataba de una broma) para decirme que si no tenía un lugar a donde ir que podíamos quedarnos unos días en su casa hasta que encontrara algo. Sin pensármelo la abracé, fue un poco raro ya que no teníamos confianza, de hecho hasta ese día no sabía ni cual era su nombre, pero quería abrazarla y demostrarle mi agradecimiento y mi cariño. Eso solo nos serviría a mi hija y a mí para unos pocos días, pero al menos no era estar en la calle. El día antes del desahucio ya fui llevando mis cosas a casa de Isabel, sabiendo que no iba a ocurrir ningún milagro con mi situación laboral. El piso de Isabel era igual de pequeño que el mío, de hecho estaba en la misma ...
... letra, dos pisos encima del mío por lo que eran iguales. Así que llevé solo lo justo y el resto vendí muchas cosas por internet y el resto las tuve que dejar ahí. El primer día en nuestra “nueva casa” se sentía muy raro, por un lado era un lugar ajeno, pero por otro se sentía como en casa. La cercanía y generosidad de Isabel nos hacían sentir en casa, y además el piso estaba super bien decorado. Estaba claro que ella tenía un muy buen puesto de trabajo, el piso lo tenía en propiedad y la calidad de los muebles y electrodomésticos era alta. Ella tenía muy buen gusto al decorar y vestir. La verdad es que su vida era la que a cualquier chica le gustaría tener al llegar a esa edad. Salvo el no tener pareja, pero eso no parecía importarle. Trabajaba mucho y no parecía querer depender ni económicamente ni emocionalmente de nadie. Esa noche preparé la cena para las tres, hice mi plato estrella para intentar agradar a Isabel, un pescado en salsa que le encantó, cenamos genial, charlamos para seguir el proceso de conocernos, y a la hora de dormir llegó un dilema en el que no había pensado: al igual que en mi piso, solo había una habitación. Yo dije que mi niña iba a dormir en el sofá del salón y yo en el suelo del salón al lado de ella. Isabel dijo que de ninguna manera, que mi hija y yo deberíamos dormir juntas en la cama grande y ella en el sofá. Cosa que yo de ninguna manera iba a permitir. Al final lo más lógico fue que Isabel y yo, las dos adultas durmiéramos en la cama, y mi ...