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Euterpe y Tauro (3)
Fecha: 13/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Barquidas, Fuente: CuentoRelatos
... has pensado dónde quieres que cenemos? —Pues sí. Pensaba que cenáramos en la cama, desnuditos los dos, y muy, muy juntitos, tras de que hayamos hecho el amor, al menos, una vez. ¿Te apetece mi plan, Vanechka mío? Y él rió de buena gana, al responderle —¡Más que comer con los dedos! Eres divina, mi amor, divina, divina. Me encanta que seas así, tan…tan… Tan ardiente —Soy rusa, eslava, cariño mío, de las de verdad; y las eslavas, cuando amamos, lo hacemos de verdad, entregándonos en cuerpo y alma; sin condiciones nos rendimos al amor, de una vez y para siempre. Y otra cosa, mi amor; solemos ser integralmente fieles al ser amado, pero también, muy, muy ardientes al amar, vehementes… ¡Tórridas! —Sí, amor; me encanta que seas así…que sepas amar como sabes hacerlo, como también yo entiendo lo que es amar, cómo amar, en la entrega absoluta al ser amado, al ser querido, dee una vez, y sin reservas: Olvidándote de ti mismo, para darte por entero al ser querido, haciendo de la dicha del ser amado la propia dicha del disfrute de la pareja, el propio disfrute Se calló; callaron los dos, para sólo mirarse, con todo el amor, todo el deseo, que ambos compartían en sus miradas, hasta que ella, Elena, Yelena, preguntó —Y, ¿dónde quieres que “cenemos”, amor? ¿En tu habitación o en la mía? Por los ojos de Juan Gallardo bailoteó un diablillo saltarín y juguetón cuando respondió a su amada —Y por qué no en nuestra habitación; la tuya y la mía… Elena Gaenva abrió ...
... mucho los ojos, enteramente sorprendida por la salida de su amado, y en esos ojos apareció una muda pregunta, a la que él respondió sin hablarle a ella, sino al recepcionista del hotel, aunque sin dejar de mirarse en los ojos de ella —Por favor, ¿podrían darnos, a mi novia y a mí, una habitación? Con una sola cama, por favor. Una cama de… Sí; MATRIMONIO. Porque, ¡te casarás conmigo! Vamos, digo yo… Elena volvió a lanzar a los cuatro vientos el cascabel de su risa, alegre, desenfadada… —¿Te casarías tú con una abuelita? Porque, cariño mío, vidita mía, mi hija se casó a primeros de año y ahora está de entre cinco y seis meses; luego, ya ves… En nada seré abuelita —Y la abuelita más joven, más guapa…y más “rica”, “buenaza”, “maciza”, de este mundo. ¡Pero, si pareces una chiquilla! Seguro que tu hija no está tan joven como tú estás, ni es tan guapa como tú, ni, muchísimo menos, está tan “rica”, tan “buenorra”, como tú estás. Que me traes loco de deseo, mi amor, mi vida, mi bien, mi…mi…mi… Bueno; mi TOODOOO… Elena seguía riendo, escuchándole, aunque también diciéndole —A ver, a ver. Traduce eso último, que no lo he entendido… Y Juan le explicó que era algo así como un superlativo de mujer, carnalmente, “buena”, usando el término francés que exprese tal idea, del cual, un servidor de ustedes, queridas/os lectoras/es, ni zarrapastrosa idea, vamos. Porque el bueno de Juan Gallardo, que mantenía todo este diálogo en francés, lengua vehicular entre la diva y él, ...