1. Tarde de prestamo en el campo


    Fecha: 21/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... meter en medido del cañaveral para cortar las restantes. Te rozabas con el resto, los mosquitos hacían su agosto en mi piel desnuda y expuesta y los pies desnudos se clavaban en los rizomas de las ya cortadas. Pero al final te quedaba aún transportarlas en manojos, apoyados al hombro, hasta el huerto.
    
    Durante la faena cruzaron por el camino un par de coches. Como pude oírlos en la distancia, me dio tiempo a esconderme entre el cañaveral. Otra cosa bien diferente hubiera sido que alguien hubiera pasado caminando. Una vez en casa, reposado y en calma, comprendí que esta situación era del todo improbable ya que en plena canícula únicamente un estúpido esclavo como yo se iba a atrever a andar a pleno sol por el aquel camino. Sin embargo, metido en situación la cosa cambiaba y cualquier ruido o golpe de viento se me antojaba un paseante que iba a pillarme infraganti.
    
    Casi a punto de finalizar la tarea encomendada, el Sr. Pedro salió a controlar y aun no se bien bien porqué, entró en cólera. Según creo fue por cortar las cañas del lugar en el que no debía, circunstancia que de ser cierta, no se me había explicado. El caso es que sacó a pasear la correa. Allí mismo, en medio del camino me ordeno arrodillarme arqueando la espalda hacia adelante, diciendo:
    
    - Vamos a comprobar si eres tan bueno desobedeciendo como aguantando palos.
    
    Y ni corto ni perezoso comenzó a azotarme la espalda con la correa. Se notaba a la legua que disfrutaba con cada golpe. Un esclavo sabe ...
    ... apreciar etas cosas, la cadencia de los azotes, los lugares en los que impacta la correa, la respiración del verdugo, sus expresiones… Todo se combina en tu subconsciente, allí es analizado y evaluado, y en pocos golpes ya intuyes donde te va a caer el siguiente, con que fuerza y en cuanto tiempo.
    
    Cada impacto de la correa restañaba en mi piel con un chasquido sordo y penetrante. Mis músculos se tensaban tras el golpe y con la relajación venía el grito de dolor, ahogado voluntariamente para no llamar más la atención, sordo y casi mudo.
    
    Cayeron más de cincuenta. Al final ya todo me daba igual y aligeraba el dolor con gritos y alaridos que seguro podrían oírse en la distancia. Tras el último azote se sacó la polla por la bragueta y me follo brutalmente en medio del camino. Tal era su excitación que no pudo aguantar más de 15 o 20 embestidas antes de preñarme nuevamente. Si mas no, esta vez agradecí el dolor que sus brutales penetraciones me producían en el recto, ya que con él disimulaba el característico escozor de espalda de después de unos azotes.
    
    Una vez todo volvió a la calma y pude incorporarme de nuevo, comprobé como el Sr, José estaba aún desnudo en el filo de la puerta del huerto, cascándose una señora paja a mi costa. Evidentemente reclamaba su parte en la función, así es que me tocó practicarle una nueva mamada de estas que tanto le gustaban, clavando la polla hasta los huevos, dejándola ahí metida hasta que mis arcadas masajearan su capullo. El problema es que era ...
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