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Tarde de prestamo en el campo
Fecha: 21/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... y sumisión sabia más bien poco, tirando a nada. Era, sin duda, un hombre inculto, de escaso mundo, al que todo aquello le superaba y medio arrepentido, ahora, de haberse metido en aquel berenjenal. Se me hizo evidente entonces, que lo único que quería de mí el Sr. José era un buen revolcón, así que conocedor de mis obligaciones, decidí con determinación que si eso quería, iba a tener el mejor polvo de su vida. Tomé entonces la iniciativa. Mientras el Sr, José me comentaba lo poco que habían subido las tomateras yo me doblaba de cintura como interesado en la mata mientras aprovechaba para restregar mi desnudo culo por su paquete. Más allá, plantados los dos el uno al lado del otro le pasaba el brazo por encima del hombro como quien, confiado, abraza a un amigo y le apretujaba costado contra costado. El Sr. José, ya calmado y acostumbrado a mi presencia, empezó a entrar en el juego poco a poco. Primero con indirectas verbales, luego con alguna que otra caricia furtiva y finalmente incitado por uno de mis restregones de nalgas contra su paquete y totalmente empalmado ya, me la clavo entre las matas de habas. Se bajó los pantalones desanudándose primero el cordel que le hacía las veces de cinturón. Con su mano empujó mi cabeza para que adoptara la posición en pompa y de puntillas por la diferencia de altura me la clavó hasta los huevos. Tenía una polla de largura estándar, entre 15 y 17 cm pero de un calibre espectacular. Más ancha en su base que en la punta, a ...
... medida que te penetraba podías sentir como te iba separando las paredes del esfínter primero y del recto después. El dolor inicial fue intenso, sin embargo me sorprendió que el Sr. José supiera lo que le colgaba entre las piernas y consciente de ello tuviera la deferencia de penetrarme, inicialmente, con suma lentitud y delicadeza. Una vez su polla se hubo encajado totalmente en mi coño, espero unos instantes a que este se acostumbrara a su presencia y cuando mis espasmos intestinales y exhalaciones de sufrimiento hubieron cesado, inició un bombeo rápido en el que sacaba y metía en cada golpe de riñón toda la longitud de su polla. Tanto es así que en varias ocasiones se le salió de dentro, lo que suponía para mí una nueva clavada profunda y rápida, ahora sin miramientos que me hacía incorporar por la cintura como acto reflejo por el dolor infringido. Por la rapidez de sus movimientos, la ausencia de pausas y la insistencia de sus embestidas, parecía que el Sr. José no hubiera follado en años y que lo que pretendía es alcanzar el tan ansiado clímax lo antes posible, como el drogadicto busca sus dosis para quitarse el “mono” cuanto antes mejor. La verdad es que como era de esperar con aquel ritmo frenético su corrida no tardó mucho en llegar. En pocos instantes, cinco minutos a lo sumo, me preño, dejando su blanquecino regalo dentro de mis entrañas. Sin embargo, agarrado de mi cintura no quiso retirar de mi interior su gruesa polla hasta que ella sola, en parte por su ...