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Oye Nencho
Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues
... masturbación que la señora Teresa me realizó la hizo acariciando mi polla con la suave planta de su pie. No tuve eyaculación, aún tardaría un año en dejar de tener orgasmos secos, pero el placer fue tan grande, tan intenso, tan brutal que ya nunca más pude disociarlo del contacto, visión y olor de unos pies de mujer. Mientras mis explosiones de placer fueron secas, sin eyaculación, la señora Teresa me permitió gozar libremente de sus tocamientos. Pero cuando tuve mi primer orgasmo húmedo, con un pequeño derramamiento de semen, empezó mi verdadero adiestramiento genital. ―Bueno, mi pequeño nencho, se te ha acabado el gozar. A partir de hoy deberás aprender a controlar las eyaculaciones. Por mucho que te masturbe tan sólo podrás eyacular si yo te lo permito. Ahora ven con mamá, hombrecito – me dijo abriendo sus brazos de carnes fofas con los que me rodeó como si fuese una suave manta mientras me cubrió de besos. La joven Teresa fue mi última adiestradora. Pasé con ella cuatro años, de los diez a los catorce. Ella fue la responsable última de mi vocación irreversible, de mi verdadera transformación en mascota, en niño perro. Cuando se detenía empezaba mi torturante éxtasis. Mis ojos se quedaban clavados en sus pies, esperando que uno de ellos se deslizara del interior de su zapatilla para rascarse la pantorrilla de la otra pierna, momento en que mi nariz comenzaba a olisquear su planta y mis labios buscaban la suave textura de su carnosidad olorosa. ―¡Qué travieso eres,nencho! ...
... – me decía cuando como un perrito fiel me lanzaba a juguetear con sus pies. Observar el movimiento de sus pies en el momento de abandonar la vieja zapatilla me daba idea de si estaba enfadada o contenta. Yo no sabía nunca si había hecho las cosas bien y a su gusto, Si su pie se deslizaba lentamente de la zapatilla sabía que me esperaba un castigo. Si por el contrario lo hacía de manera despreocupada quería decir que quería jugar conmigo. Los últimos dos años los pasé pensando en mi futuro próximo. Estaba relativamente cerca el día en que sería alquilado o vendido a alguna adinerada familia para ocupar el puesto de mascota y ese pensamiento me atormentaba. Me daba miedo abandonar la seguridad que había llegado a sentir con mi joven Teresa. Cada vez que las puertas de la fortaleza se abrían para dejar paso a las futuras compradoras, se me encogía el estómago pensando que podía ser yo el elegido. Ya estaba en edad y por tanto muchas veces, según el perfil solicitado, pasaba varias horas expuesto a la vista y manoseo de futuras posibles compradoras. En las salas de exposición podíamos estar una cincuentena de niños de todas las edades, desde unos pocos meses de vida hasta algunos muchachos algo mayores que yo. Según me explicaba la joven Teresa había señoras que preferían comprar una mascota pequeñita para ser ellas mismas las que la adiestraran. Otras preferían quedarse a una ya bien entrenada, como yo por poner un ejemplo, lo que eso significaba que había de estar ya crecidita. ...