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Oye Nencho
Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues
... ―Tú no te preocupes mi niño – me decía la joven Teresa antes de que se me llevaran para ser expuesto y ella misma comprobaba mis genitales y me atusaba el pelo – vas a causar una magnífica impresión en quien te adquiera hijito, te lo aseguro. Muchas de estas señoronas y señoritas se piensan que ellas mismas pueden adiestrar a una criaturita de apenas un par de años. No sé que se pensarán, entiendo que a muchas les haga ilusión lucir a casi un bebé como mascota pero sabes qué ocurre? Pues que después nos los tienen que devolver para que los reeduquemos. Y entonces es más difícil. Venga nencho, en posición de agradecimiento, ya… Yo adoptaba la posición de sometimiento y esperaba ansioso que me acercara sus grandes pies a los labios para poder besarlos. Había señoras, y muy especialmente jóvenes señoritas, que se mostraban muy torpes en el manejo de mis genitales y entonces me hacían mucho daño. Algunas no eran torpes sino que eran crueles y buscaban causarme dolor para ver mi reacción. Hubo una, joven, de veintipocos años, que se empeñó en quemarme las tersas bolas con su cigarrillo. Suerte que María, que seguía siendo mi tutora legal se lo impidió. ―Lo siento señorita, no podemos permitir que estropeen la mercancía. Si usted lo compra y quiere divertirse quemándole los testículos con el cigarrillo es cosa suya, pero mientras sea propiedad del Centro limítese a tocarlo. Puede comprobar su resistencia al dolor sin necesidad de quemarlo – le dijo María con firmeza. La joven se ...
... mostró airada, recurrió al típico, «sabe usted quien es mi padre?», pero no le sirvió de nada, María se mostró suavemente firme, tal y como era ella. Finalmente la joven tuvo que renunciar a sus crueles pretensiones pero se cebó a la hora de presionar mis testículos. Lo hizo pisándomelos con la suela de su sandalia. Yo me hallaba en postura de ordeño, de espaldas al suelo, con las piernas encogidas y separadas para mostrar mi anillado y mi pene, que ahora tenía ya unas dimensiones más que considerables. ―No decía que no lloraban ni gritaban? – le dijo la altiva muchacha dejando de pisarme cuando yo, incapaz de soportar el dolor, lancé un gemido que más pareció un alarido que un lamento y rompí a llorar. ―Está claro que esta mascota aún no está a punto – intervino rápidamente María que llamó a una guardesa para que me devolviera a la señora Teresa – ¡Llevense a nencho y díganle a Teresa lo que ha ocurrido, que tome medidas! – ordenó y se llevó a la cruel muchacha a la siguiente mascota. La celadora me engarfió la traílla en el collar y tiró de mí con fuerza. La seguí a cuatro patas hasta las estancias donde era adiestrado. Teresa se llevó una gran decepción cuando la celadora le refirió lo sucedido. ―Acércate nencho es una lástima pero tendré que tomar medidas. Tráeme las botas, empezaremos ahora mismo a poner remedio a esa debilidad tuya. Me encaminé al armario a cuatro patas y cogiendo con los dientes los extremos de las altas botas regresé gateando a sus pies. La calcé con la ...