1. Oye Nencho


    Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues

    ... mi dolor cuando la joven Teresa apretó más y el tacón comenzó a penetrar en mi ano. Sentí cómo me iba desgarrando a medida que la joven Teresa presionaba más y el tacón iba avanzando por el tracto rectal. Finalmente la joven Teresa dejó de presionar con su pie. Había enterrado el tacón en su totalidad, hasta que era imposible, por el grosor que iba aumentando, que penetrase más en mis entrañas. Se descalzó, retiró el pie y me dejó el zapato clavado. ―Lo llevarás puesto hasta mañana… a ver, date la vuelta, quiero verte el pene. La joven Teresa se sonrió al ver que a pesar del dolor me había excitado con la penetración. ―Pasarás la noche a mis pies, besándolos. Si me despierto y estás dormido y mi zapato no está donde lo he dejado te haré llorar… y mucho. A la mañana siguiente la joven Teresa al descubrir que su zapato seguía clavado en mi ano y que seguía arrodillado besando sus pies, para recompensar mi abnegación y mi ciega obediencia me permitió subir a su cama y estuvo abrazándome y besándome y me dejó jugar con sus pechos maternales. Cuando María le comunicó que me preparase para la exposición la joven Teresa se mostró seria y preocupada. Era como si intuyese que aquel iba a ser el último momento que compartiríamos juntos ella y yo y se mostró muy dulce conmigo. Me prepararon y fui colocado en el expositor junto con otras mascotas. Se abrieron las puertas y entraron una docena de señoras y señoritas. *** Con nada lé, con nada me fui. Fue visto y no visto. Un flechazo. Yo ...
    ... la elegí y ella me eligió. Tenía la edad de María cuando llegué al Centro y físicamente se le parecía, pero lo más gracioso es que se llamaba Mariam, que es una de las formas del nombre que se da a la Virgen y que tan bien se adecuaba a ambas. Mariam, de ahora en adelante el ama Mariam, era la mujer más hermosa que jamás había visto, y había visto muchas. La mayoría de mujeres que acudían a comprar al Centro lo eran. Será que el dinero embellece y todas esas señoras y señoritas que se paseaban entre los huérfanos expuestos para decidir cuál de ellos iba a ser su mascota tenían de ambos: belleza y dinero. Lo que más me dolió fue que no pude despedirme del ama Teresa. Aquella mujer con la que había pasado los últimos cinco años de mi vida y que había perfeccionado mi entrenamiento y me había inculcado el gusto por el sometimiento, que había hecho que amase mi función social en esta vida, permanecería en mi recuerdo por siempre jamás. —¡Agárrate fuerte, no te me vayas a caer! Con lo que me has costado sólo faltaría que diera un frenazo y te me partieras la crisma. No estás asegurado, sabes? Iba de rodillas en el asiento del copiloto. Yo miraba por la ventanilla totalmente extasiado. Era la primera vez en nueve años que salía del Orfanato y todo era nuevo para mí. Había adoptado la posición de espera, la única posible dentro de un automóvil, máxime si había de ir encima del asiento delantero. De vez en cuando giraba la cabeza para mirar a mi nueva propietaria. Era preciosa. Tenía ...
«12...131415...20»