1. Oye Nencho


    Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues

    ... el pelo negro, azabache, de un negro azulado de tan intenso, que le caía hasta los omoplatos en una cascada de tirabuzones y bucles entre los que deseaba perderme. Sus ojos eran verdes, como esmeraldas, y tenían un brillo especial. El ama Mariam iba concentrada en la carretera pero de vez en cuando me miraba por el rabillo del ojo y yo inmediatamente volvía la cabeza hacia la ventanilla donde los árboles pasaban a gran velocidad. ―Te gusta la música, Lolo? – me preguntó el ama Mariam con una dulzura que me recordó de inmediato al ama María. Asentí jadeando expresivamente. Durante esos últimos nueve años había aprendido a comportarme como se esperaba de mí que lo hiciera. La mano del ama Mariam abandonó el pomo del cambio de marchas donde parecía que —Buen chico, buen chico – se rió y volvió a revolverme el pelo. Esta vez me abstuve de babear su blanca mano. El viaje duró unas cuatro horas. Cuando entramos en la ciudad donde vivían mis nuevas amas me quedé pegado a la ventanilla mirando con entusiasmo y sorpresa todo un mundo desconocido para mí. Atravesamos la ciudad y llegamos a las afueras. Allí no había altos edificios de viviendas. Las casitas eran bajas, de a lo sumo un par de plantas. Tenían la mayoría un pequeño jardín. Era un barrio residencial. En él seguro que vivían personas de gran poder adquisitivo y era más que probable que algunas, o muchas, tuvieran sus mascotas. Ama Mariam salió del coche y me abrió la puerta. Bajé sobre el cesped y me quedé a cuatro patas. ...
    ... Ella me colocó la traílla en el collar y tiró de mí. La seguí, con la mirada fija en sus pies y en sus pantorrillas. Llevaba unos piratas amarillos que se cerraban por debajo de las rodillas y calzaba unas bailarinas del mismo color. Troté con rapidez. Estaba super entrenado y el dolor que me producía en las rodillas desplazarme de esa manera lo tenía tan integrado en mi cotidianeidad que apenas lo notaba. Mi segunda ama en el Orfanato, el ama Karima, me hacía desplazarme de rodillas sobre un suelo cubierto de garbanzos crudos que se clavaban de manera cruel e inmisericorde en mis rodillas. Eso lo hizo durante un año, al cabo del cual podía afrontar el desplazarme como un perro por cualquier superficie. Ascendí los cuatro peldaños que daban acceso a la puerta principal y me quedé parado, en precario equilibrio en el último debido a que el ama Mariam se detuvo para introducir la llave. Abrió y antes de pasar al interior de la vivienda llamó al timbre para anunciar su llegada. Entré tras ella y en el recibidor me llevé mi primera sorpresa. Un muchacho más jovencito que yo – debía rondar los 10 o 9 años de edad – estaba arrodillado con los brazos, ambos, extendidos hacia delante y doblados hacia arriba por los codos. ―Hola kendo, está el ama Zenobia en casa? El tal kendo se inclinó rapidamente y besó las puntas de las bailarinas del ama Mariam para volver a ponerse en posición. Supe que era la posición de recibimiento. Aquel niño debía proceder de un centro como aquel del que yo ...
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