1. Oye Nencho


    Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues

    ... provenía, sólo que debía haber sido instruido como sirviente. —No ama Mariam, ha salido. ―Ha dejado dicho si volvería? —No ama Mariam, al menos no a mí. Posiblemente se lo haya dicho a Shamira. El ama Mariam se sacó el fulard que rodeaba su cuello y lo dejó colgando en los brazos del esclavo. Luego colgó su bolso en el codo del muchacho y continuó caminando. Yo la seguí al trote no sin antes repasar al tal kendo. El ama Zenobia, había dicho el ama Mariam. ¿A quien se refería? ¿Sería su hermana pequeña? ¿Su madre? De lo poco que me había hablado en el trayecto sabía que en la casa que me habían acogido debería servir, además del ama Mariam, a una muchacha más joven que ella, su hermana menor, y a la madre de ambas. ―Buenos días, señorita Mariam – oí una voz humilde. Una muchacha, ya no demasiado joven, debía andar por la treintena aunque era difícil ponerle edad, saludó al ama Mariam con una inclinación de cabeza. El ama Mariam pasó por su lado sin mirarla y se encaminó a uno de los butacones de amplios brazos donde se dejó caer con indolencia, atravesada, con las piernas colgando por uno de los reposabrazos. ―Éste es nencho, Shamira… ¡nencho … saluda a Shami! Ella es nuestra sirvienta, pero no es esclava por lo que debes tratarla con respeto. Me acerqué a la joven que llevaba una bata de trabajo, sin mangas y grandes bolsillos. Llevaba un pañuelo azul y blanco que le cubría la cabeza y calzaba unas zapatillas viejas, que dejaban unos grandes pies al descubierto. Tenía la tez ...
    ... bastante pálida y supe que venía del Magreb. Llegué frente a la sirvienta y humildemente me incliné para besarle los pies. Como su rostro, sus pies eran de piel pálida y sus uñas estaban sin pintar. Eran unos bonitos pies que dejaban escapar un aroma a sudor que olisqueé con frenesí entre las junturas de sus dedos grandes y bien formados. ―¡Jajajaja…! ¡Fíjese señorita, me olisquea los pies! Pobrecillo – se compadeció la buena de Sahamira. ―Claro, qué esperabas, es una mascota-perro. ¡nencho! – me llamó y yo levanté la cabeza y me puse en tensión, como un perdiguero que ha olido una presa de caza para su amo en el transcurso de una cacería – ¿Has comido? Negué con la cabeza. No sabía si gemir o responder. Aún no tenía claro qué se esperaba de mí. ―¡Acércate! – me ordenó el ama Mariam. Gateé con la máxima elegancia de la que era capaz y me acerqué a la señorita que balanceaba ligeramente las piernas. Una de las bailarinas colgaba de los dedos de su pie. Calculé cuanto podía tardar en desprenderse de aquel lindo pie si seguía con el mismo ritmo de balanceo. El cálculo me dio un par de minutos. Estaría atento por si se desprendía. ―¿Has comido? – repitió la pregunta. ―No mi ama –respondí adecuadamente. ―¡Llévatelo a la cocina, Shamira! No le des demasiado, ya sabes qué dice mamá sobre la alimentación de los esclavos. Después lo limpias bien, ya sabes… en el jardín. Mamá querrá que esté limpio. ―Sí señorita Mariam. La magrebí me cogió de la traílla y tiró de mí sin consideración ...
«12...151617...20»