1. Oye Nencho


    Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues

    ... alguna provocándome un fuerte tirón en el cuello. Rápidamente adecué mi gatear a sus pasos para evitarme más dolor innecesario. La seguí hasta la cocina con la vista fija en sus redondas pantorrillas y sus pies grandes y pálidos. Aquella mujer tenía una palidez enfermiza que no dejaba de atraerme. No vi que hacía pero sí oí ruido de cacharros y el golpeteo de una cuchara de palo sobre un recipiente de cerámica que resultó ser mi cuenco. ―Aquí haré que graben tu nombre, «nencho », para no confundirlo con el de kendo y kathy. Ellos ya tienen su nombre grabado en su escudilla – me dijo mientras dejaba en el suelo un bol lleno de una pasta oscura y gelatinosa que resultó ser comida para perros enlatada – venga, come, come… a kendo le encanta. Si no te lo comes todo se lo comerá él, seguro, y además tendré que decirle a la señora que has rechazado la comida y eso la irrita de manera espantosa. Shamira hablaba sin parar mientras me empujaba la cabeza hacia el cuenco. Yo me resistía porque aquello que me habían puesto para comer era de aspecto desagradable. ―Mira nencho, si no comes se lo diré a la señora. Piensa que la señora es muy buena pero tiene un pronto horrible. No tolera desobediencias en sus esclavos. A Kathy hizo que le cosiera los labios el primer día, nada más llegar. La muchacha se negó a comer, como tú ahora. Te aseguro que ahora se comería uno de mis zurullos si le dijera que lo había cagado el ama y que quiere que se lo coma. Shamira estalló a reír en grandes ...
    ... carcajadas. Se había sentado en un taburete y tenía los pies a cada lado de mi cuenco. Levanté la cabeza y la miré. Ella sonreía. Me pegó una bofetada sin dejar de reír. Tenía las manos grandes, como sus pies. Incliné la cabeza y metí el morro en el cuenco. Empecé a comer. No estaba mal. Al tercer bocado ella apartó el cuenco de una patada. Rodó por el suelo y se desparramó el contenido. Me quedé mirando como un idiota sus pies. ―¡Recógelo todo y limpia el suelo, rápido! – me ordenó arrojándome una bayeta húmeda a la cara. Ya no iba a comer nada más en todo el día. Shamira me estaba demostrando que a pesar de ser una sirvienta, una criada, estaba por encima de mí, y no pocos peldaños, y que en cualquier caso buena parte de mis comodidades o incomodidades habría de debérselas a ella. Una hora después vi salir al jardín al ama Mariam. Vino hacia mí con su caminar grácil. Me desató y me liberó de las esposas. Me arrojé al suelo a besar sus pies pero ella me apartó pisándome con su bailarina. ―Creía que estabas mejor enseñado. ¡Shamira, tráeme la fusta y átalo! – gritó poniéndome el pie sobre la nuca para mantenerme inmovilizado. El ama Mariam tenía razón. No debía haberme arrojado al suelo a besar sus pies. Había sido una ingénua muestra de buena voluntad por mi parte, pero también un error que el ama Mariam iba a hacerme pagar caro. Mientras Shamira volvió a esposarme y atarme al árbol, Mariam jugueteó con la larga fusta de equitación, rasgando el aire con ella. ―¡En posición de ...
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