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Oye Nencho
Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues
... sometimiento! – ordenó Mariam. La posición de sometimiento, de rodillas con el culo en pompa, los codos y antebrazos pegados al suelo y la cabeza colocada entre las rodillas de manera que éstas quedaran separadas un par de palmos, de manera que los genitales quedaran obscenamente expuestos, era la posición que se utilizaba para los castigos habituales. ―Apriétale más la abrazadera de los testículos, Shamira – ordenó el ama Mariam. Sentí un pellizco brutal en el escroto cuando la magrebí cerró cinco pasos de golpe la arandela metálica que comprimía mis genitales. Gemí intensamente de dolor, pero ni grité ni lloré. ―¡Llévalo dentro, Shamira, y lo subes a la habitación de mamá. Está al llegar! ―Sí señorita Mariam – dijo Shamira con una humildad que contrastaba con la aspereza con la que me había tratado a mí. Shamira tiró de la correa con fuerza, sin molestarse en quitarme las esposas y sin aflojar la presión de la abrazadera que me estaba matando de dolor. El ama Mariam no me dijo porqué me había castigado pero yo lo sabía. En mi entrenamiento, especialmente la joven Teresa en los últimos años, me había metido en mi cabezota que como perro, como mascota, no debía iniciar por mi cuenta ninguna acción que conllevara contacto con mis amas. Ellas ya me harían saber cuando quisieran de mí alguna muestra servil, de sumisión. No era imprescindible verbalizar las órdenes, podían simplemente usar un gesto mínimo, como mover un pie delante de mis ojos. En mi necesidad de agradecer que ...
... me soltara las muñecas había interpretado erróneamente su benevolencia con una señal para que lamiera sus pies y por tanto tenía que ser castigado. Shamira me hizo subir los peldaños que llevaban al primer piso dándome terribles tirones a la correa. El cuello me dolía horrores, casi tanto como mi culo y nada comparado con el ardor constante que sentía en mis aprisionados genitales. Me mantuvo esposado y por las muñecas pasó una cadena que ató a la pata de la cama. La criada salió y me dejó solo. El dolor constante me hizo sentir el paso lento del tiempo. Finalmente oí voces abajo. Reconocí la voz del ama Mariam e identifiqué la de otra mujer más mayor. Por los retazos de conversación que me llegaron inferí que se trataba del ama Zenobia, mi ama, mi señora, mi dueña absoluta. Rápidamente me coloqué en posición de sometimiento. Me costó lo mío por la dificultad de lidiar con mis manos esposadas a la espalda pero logré colocarme en la posición en la que debía esperar a mi dueña. Sentí un cosquilleo de emoción en mis hambrientas tripas cuando oí dos tipos de pasos subir las escaleras. Unos, más silenciosos, correspondían a las bailarinas del ama Mariam, los otros eran los de un taconeo brioso. En la posición de sometimiento, al igual que en la de perdón, el campo de visión que tenía se veía reducida a un par de palmos, a lo sumo tres, por encima del nivel del suelo. Estaba muy nervioso. El dolor en mis genitales estrujados y pinzados por la abrazadera no hacía más que contribuir a ...