1. Oye Nencho


    Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues

    ... mi angustia ante la inminente llegada de la que tenía que ser mi gran señora. Primero aparecieron las bailarinas del ama Mariam. A continuación noté una temible reacción en mi miembro cuando vi los zapatos de tacón del ama Zenobia. Tuve que calcular su altura a través del tercio que pude ver de sus piernas. Tenía los tobillos armoniosos pero contundentes. Pude ver el inicio, o final según se mire, de la curva inferior de sus pantorrillas y lo que más me impactó: sus zapatos. ―Ahí lo tienes madre – escuché lejana la voz del ama Mariam. Deseé oír la voz de la señora Zenobia. La imaginé en mi cerebro. Cuando la escuché no me decepcionó: era el tipo de voz que esperaba oír, autoritaria pero envolvente, suave per o a la vez profunda. ―Déjame a solas con él – dijo. Mariam se retiró. Por el movimiento sutil de sus piernas supe, o deduje, que Mariam le había hecho una breve reverencia a su madre. Aquello aún me excitó más. Estaba ante una mujer poderosa y eso me tenía encogido de miedo. Los pies de Zenobia avanzaron sobre la mullida alfombra hasta detenerse a escasos centímetros de mi cara. Esta vez no iba a cometer el error de ponerme a lengüetear sus zapatos sin ton ni son. Elevé un poco más el culo y separé un par de grados más los muslos. La mano del ama Zenobia descendió hasta mi postrado rostro y me acarició la mejilla. Sentí la fragancia de su olor muy cerca y a su contacto me estremecí. Fue un contacto blando pero firme. Su mano era grande y sus dedos bien formados, ...
    ... terminados en unas uñas largas y redondeadas con una manicura china de tal calidad que me permitió ver reflejada en ellas mi propia cara. El ama Zenobia pasó un pie por encima de mi cabeza y fue a sentarse en su sillón. ―¡Aquí, Lolo! – me llamó – ¡Corre, ven… ven bonito… ven…! Por el tono empleado para llamarme supe lo que quería. Me puse en cuatro patas y troté sobre la mullida alfombra. Llegué junto a ella y adopté la posición de espera, sentado sobre mis talones, los codos pegados a los riñones, los brazos extendidos y las manos colgando fláccidas mientras jadeaba con la larga lengua fuera. El ama Zenobia me sonrió. En la posición en que me hallaba pude verla por completo y de cerca. Era hemosa, tal y como me la había figurado. Treinta y algunos años, estatura media, cabello castaño cortado en media melena, rostro ovalado, labios gruesos y sensuales, pecho generoso, anchas caderas, muslos poderosos y manos de diosa. Llevaba un vestido veraniego, de tela vaporosa y escote pronunciado. Había cruzado las piernas y mostraba unos muslos de una redondez suave e hipnótica. Su mano se movió hacia mis genitales estrangulados y las yemas de sus dedos acariciaron mi escroto. ―Estás muy apretado… esto tiene que dolerte, chico – me dijo y con habilidad, con una sola mano, alivió la presión en mis testículos aflojando la palomita que cerraba la arandela metálica. Cerré los ojos ante el inmediato alivio que experimenté. La señora se dio cuenta y cuando abrí los ojos vi que me sonreía. ―Échate ...