1. Oye Nencho


    Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues

    ... postura que había aprendido. ―Las rodillas más juntas – escuché la voz de la guardiana de las botas de afilados tacones. Dejé escapar un grito de agónico dolor cuando uno de sus afilados tacones me perforó el dorso de la mano. La cruel mujer hizo girar la bota a derecha e izquierda y noté cómo los huesecillos, castílagos y tegumentos de la mano se me desgarraban. Levanté instintivamente la cabeza para mirar a mi torturadora. Estaba de pie sobre mi mano y sonreía satisfecha. Con la otra mano intenté sacármela de encima pero era imposible, aquella mujer debía pesar cuatro o cinco veces lo que yo. ―¡Al suelo la mano, al suelo! – me gritó y cuando logré obedecer me la pisó también. Me clavó el otro tacón y escuché su risa. Me quería morir. El dolor era inenarrable. ―Está aún muy verde, Isabelita – oí que decía la señora que se hallaba de pie encima de mis manos. ―No hace ni una semana que ha llegado, pero creo que tiene madera. Será una excelente mascota y un excelente esclavo. Cuando la mujer me liberó las manos no pude soportar más y me eché a llorar. Isabel se me acercó y agachándose a mi lado me acarició el pelo. ―Qué bonito pelo tienes, Lolo, no llores, ya pasó… ya pasó. Aquellas palabras amables me emocionaron. Yo sólo buscaba una mamá y sólo encontraba normas, órdenes que apenas comprendía y dolor. La actitud de Isabel me conmovió. Ella se encargó de curarme y no paró de darme besos y hacerme caricias. Me emocioné. Por la noche me permitió que durmiera abrazado a sus ...
    ... sandalias. Las abracé y puse la cara apoyada en la parte de la suela que tenía las huellas de sus dedos marcadas. Me sentí transportado, como si aquellas bonitas sandalias que calzaban los pies de la niña que me había tratado con tanto afecto tras el horrible dolor inflingido por aquella horrible guardiana, me protegieran de todo mal. De la mano de Isabel aprendí a permanecer inmóvil durante horas vigilante al vaivén de un zapato que se balanceaba de la punta del pie de mi joven ama. Aprendí a calzárselo cuando se desprendía de sus dedos, dejándolo en la misma posición de precario equilibrio y usando sólo mi boca para hacerlo. Isabel se reía con una gran facilidad y resultaba contagiosa. Me castigaba si no hacía las cosas bien, rápido y a su gusto pero era distinto a cómo lo hacían otras guardianas. Ella era diferente. El día que María, que seguía siendo mi tutora principal me separó de Isabel, lloré como un niño, en realidad eso es lo que era. Fui adjudicado, para continuar mi adiestramiento, a una joven de dieciséis años de la que pronto me enamoré. El recuerdo de Isabel fue reemplazado por la adoración que llegué a experimentar por Karima. Era una muchacha blanca de cabello largo Tenía la cara ovalada, ojos muy negros y almendrados, de mirada intensa, a veces triste, de labios sensuales y pómulos altos. Era de una belleza salvaje. Me contó que era del Cairo. Su padre era un hombre muy rico y ella estaba haciendo su servicio social en el Centro de Acogida y Reeducación de ...
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