-
Oye Nencho
Fecha: 09/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: wastedLalo, Fuente: SexoSinTabues
... menores. Cuando empecé con Karima yo ya tenía seis años. Fue con ella cuando empecé mi adiestramiento genital. Fue ella quien me anilló. Una abrazadera de acero con un fleje enroscable. Con sus maravillosos dedos me masajeó mis pequeños testículos antes de proceder al anillado. ―Hasta que te acostumbres te molestará… bueno, es más exacto decir que te dolerá porque te hará herida, pero no te preocupes, terminarás por acostumbrarte y sólo quedará una molestia – me dijo mientras apretaba la palomita que cerraba la abrazadera que comprimía mis huevecitos. Cuando el escroto quedó terso por efecto de la presión me los acarició con la palma de la mano. Yo me sentía muy angustiado y cuando para probar lo ajustados que me los había dejado comenzó a palmeármelos sentí un dolor tan brutal que comencé a llorar y a gritar. Karima me abofeteó y me pisó una mano. No nos estaba permitido gritar ni montar escandalera con llantos efusivos, a lo sumo se nos dejaba gemir. Yo ya tenía un buen entrenamiento. Karima me pisaba las manos con los afilados tacones de sus botas y tan sólo manifestaba mi tremendo dolor con unos tristes gemidos, pero aquel dolor, aquella sensación nueva de dolor me resultó insoportable. ―¡Recuerda que eres una mascota, Lolo, las mascotas demuestran su dolor con gemidos que no molesten a sus amas! ¿Entendido? – me gritó. Asentí y rápidamente me coloqué en posición de ser perdonado, la barbilla sobre las puntas de los pies de mi adiestradora que se sintió satisfecha y no ...
... me pisó. Cuando me tenía que poner en posición de ser perdonado siempre me pisaban con el tacón afilado de sus zapatos. Solían clavármelo en el hombro, a veces me aplastaban las uñas de las manos. Karima era muy buena conmigo. ―Ahora ponte de nuevo en posición de palpado – me ordenó fingiendo enfado en la voz. De las cuatro posiciones básicas que debíamos adoptar en presencia de las adiestradoras, la de sometimiento y la de perdón eran muy similares. En las dos debíamos permanecer de rodillas con el culo en pompa, los codos y antebrazos pegados al suelo y lo único que variaba era la posición de la cabeza y de las rodillas. En la de sometimiento la cabeza se colocaba entre las rodillas de manera que éstas quedaran separadas un par de palmos, en tanto que en la de perdón la barbilla se apoyaba en el suelo delante de los pies de la celadora y las rodillas juntas. En la de espera permanecíamos de rodillas, nos sentábamos en los talones, manteníamos los codos pegados al cuerpo, los brazos extendidos, las manos colgando fláccidas y la lengua fuera, jadeando. En la de palpado nos acostábamos sobre la espalda con las rodillas flexionadas y los muslos separados, como una tortuga panza arriba, de manera que nuestros anillados genitales quedaran totalmente expuestos y a merced de nuestras adiestradoras. Adopté esta última posición. La blanca pero suave mano de Karima me rodeó el hinchado escroto y me estremecí esperando de nuevo sentir aquel dolor abrumador de nuevo, pero esta vez su ...