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El calvario de Luciana (8)
Fecha: 13/01/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... un día muy interesante, Elba. El ama de llaves sonrió, entusiasmada, y preguntó: -¿Piensa en algo especial, señora? Emilia pensó un momento: -La voy a hundir definitivamente en el barro. ¿Se entiende la metáfora, mi querida Elba? -Creo que sí, señora. ¿Se refiere a la humillación? -Algo así, Elba, sí, la vamos a humillar a fondo mientras la convertimos en una esclava total. -Mmmhhhhh, bien, señora. Estaré a sus órdenes para lo que quiera que hagamos con ella. -Te cuento lo que quiero que hagas en cuanto llegue. -Dígame, señora. ………….. Luisa debió controlar el temblor de sus manos cuando, con Luciana tendida boca abajo en la cama, se apretaba a aplicarle la crema que iba a contribuir a la recuperación de esas portentosas nalgas tan duramente castigadas. “Llevo vistos infinidad de culos, pero ninguno tan perfecto como éste.” Pensó la mucama mientras acercaba al objetivo sus dedos embadurnados de crema. Luciana gimió al primer contacto, pero fue cediendo y entregándose al suave masaje hábilmente aplicado por Luisa. -Usted me ayuda… -murmuró la pobrecita y la mucama, aunque encallecida por tantos años de servicio en la mansión, no pudo evitar conmoverse. Una vez finalizada la aplicación de la crema, se incorporó y mientras recorría con mirada ardiente ese cuerpo de hembra apetecible le dijo a Luciana: -Ahora vas a descansar, perrita. -Sí… -contestó la jovencita con un hilo de voz. –Usted me ayuda… Luisa salió de la habitación ...
... pensando en el futuro de Luciana. No era cuestión de arrepentirse de lo que se hacía con las desdichadas que caían en las garras de Emilia y su organización, pero esta chica la conmovía muy particularmente y le apenaba saber que irremediablemente iba a ser vendida a algún prostíbulo miserable donde la usarían muchos hombres cada día, mal alimentada y enfrentando el riesgo de contraer distintas enfermedades sin que eso preocupara a quienes serían sus dueños. ………… Eran las 11,30 de la mañana cuando Graciela atravesaba el portón de la mansión y Elba, en medio de la senda, detenía la marcha del vehículo con un gesto imperativo y empuñando un rebenque de campo en su mano derecha. Al ver que el ama de llaves se acercaba bajó la ventanilla. -Buen día, señora Elba. –saludó cuando la mujerona se inclinó hacia ella. -Baje del auto. –le ordenó el ama de llaves. Graciela supo que debía obedecer y descendió del vehículo aunque extrañada de que no tuviera que conducir hasta las cocheras. -En cuatro patas. –dijo Elba y Graciela la miró, asombrada e inquieta. -¿Qué pasa? ¿está sorda? ¡En cuatro patas, le dije! Graciela dejó su cartera en el asiento del auto y adoptó la posición ordenada. Así, en cuatro patas, sintió que Elba la reconectaba con la humillación y con el miedo, y ambas sensaciones hicieron que se excitara. Definitivamente eso estaba hondamente arraigado en su naturaleza y Emilia se lo había hecho descubrir. El ama de llaves le dio un golpecito leve con el ...