-
Noche de pasión en Lisboa (V): Odiseo y las sirenas
Fecha: 03/07/2020, Categorías: Sexo Virtual, Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos
... en color beige, al que mi amiga sabría sacarle todo el partido, sobre todo en las noches de entretiempo. Mientras me lo envolvían para regalo, le pregunté a Paulinha si había algo que le gustase en la tienda y me contestó que el tipo de ropa era “de mujer mayor” y que además ella no tenía ropa con qué lucir algo de lo que había allí. Entonces cogí un pañolón azul metálico, de seda, que me habían mostrado anteriormente y le enseñé que podría utilizarlo como pañuelo de cabeza, al cuello o puesto sobre los hombros. Solicité que me lo cargasen también en cuenta y cuando lo metieron en la caja y lo iban a envolver para regalo, pedí que lo dejasen así. Le dije que era para ella, un regalo de su abuelito español, para que tuviese un recuerdo, y en agradecimiento por haberme ayudado a buscar el regalo para Amália. Cuando se lo di, y lo iba a coger, lo retiré de repente de su alcance y le dije: - Con una condición. - Dígame cual. - Necesito que cuando lleguemos a la casa, te lo pongas sobre los hombros y que se lo enseñes a las señoras, y muéstrate todo lo ilusionada que puedas por el regalo. Pero si las señoras te preguntan por qué te lo he dado, da las explicaciones más vagas que se te ocurran. - Pero… así se van a creer que me lo ha dado a cambio de algo inconfesable. Yo no quiero hacerle daño a Dona Amália. - Eso es lo que quiero. Confía en mí. Te garantizo que a partir de hoy, al menos Dona Amália te va a tener mucho más aprecio y consideración. - Bueno, si ...
... usted lo dice… - Confía en mí. Y por favor, no digas nada del regalo que le hemos comprado a ella. Necesito que me guardes el secreto. Cuando volvimos a la casa, mientras yo dejaba el coche en el garaje, Paulinha cumplió con su parte. Entró en el salón corriendo, con el pañuelo sobre los hombros y luciéndolo como una modelo, se lo enseñó a las dos hermanas. Yo entré y subí directamente a mi habitación y dejé el regalo de mi amiga sobre la almohada de la cama, del lado que ella acostumbra a dormir. Al entrar al salón Amália estaba sola. Su hermana había salido. La miré y tenía los ojos rojos y cara de tristeza. Me senté a su lado y me dijo: - ¿No podías haberla respetado a ella? Si es una niña, por Dios. Hiciste mucha más fuerza para respetar a mi hermana. Creí que te conocía mejor. - ¿Me acompañas a nuestro dormitorio? - ¿Es que todavía no has quedado satisfecho? ¿O es que quieres comparar? – Cada vez le costaba más aguantar las lágrimas. - Ven conmigo al dormitorio, por favor, Amália. - Vamos, pero no te conozco. Al abrir la puerta, lo primero que vio fue el regalo sobre la almohada. Se giró hacia mí y me inquirió: - ¿Qué es eso? - Tu regalo de cumpleaños, que ayer no te regalé nada. Paulinha estaba de acuerdo conmigo en ayudarme a escogerlo y le pedí que se comportase como lo hizo. Has de saber que ella no quería. Bajo ningún concepto quiere hacerte daño. - ¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué me has hecho pasar este mal trago? - Porque ...