1. Noche de pasión en Lisboa (V): Odiseo y las sirenas


    Fecha: 03/07/2020, Categorías: Sexo Virtual, Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos

    ... tengo normas. Normas que hacen que cuando me las salto alguien tenga que pagar por ello. Y ayer noche hiciste que me las saltase.
    
    - Ayer noche no pusiste muchas pegas. No seas cínico.
    
    - Ayer noche deberías haberme arrancado los ojos cuando accedí a vuestra petición.
    
    - Perdóname Alfredo.
    
    En ese momento, ya no pudo más y enterrando la cara en mi pecho rompió en llanto. Ella no me podía ver, pero yo también hice uso de mi propia tumba. Por mi cara rodaban las lágrimas en silencio. Jodidas normas.
    
    Separándose de mí, entró en el baño y se retocó el maquillaje. Volvió a la habitación y de un cajón de la mesilla sacó un frasquito de colirio, y me pidió que se lo pusiera en los ojos. Una vez recompuesta y todo en orden, procedió a abrir mi regalo.
    
    Cuando vio el chal, se lo probó delante del espejo del armario de todas las formas posibles, sobre los hombros, dejándolo caer por la espalda, sobre la cabeza cruzando las puntas sobre un hombro, sobre el otro. No creí que se pudiese utilizar una prenda de tantas formas diferentes, pero yo no soy mujer. Saliendo apresurada de la habitación, me dijo sonriendo con alegría, por encima del hombro:
    
    - El chal es precioso, voy a enseñárselo a las chicas.
    
    Volvía a ser la Amália alegre que yo conocía. Y yo volví a aterrar las dos tumbas. Pero la muy ladina se había olvidado de agradecerme el regalo con un beso, al menos. Bajé tras ella al salón.
    
    Al entrar veo que ahora es Amália la que luce su regalo paseándose y ...
    ... posando delante de las otras tres mujeres y Paulinha desde detrás de ella me interroga con la mirada, consultándome si lo ha hecho bien. Yo le contesto con un asentimiento imperceptible de mi cabeza y le sonrío agradecido. Veo que la niña sonríe tranquila y contenta por haber cumplido bien con su parte de la sorpresa.
    
    Amália mira hacia mí y se me acerca. Camina remedando a una modelo en la pasarela y cuando está a mi altura acerca la boca a mi oído y me pregunta:
    
    - Si fuisteis a comprar mi regalo ¿Para qué diablos necesitabas el coche de mi hermana?
    
    - Amália, cariño. Recuerda que mi coche no tiene maletero.
    
    - El mío sí, y no quisiste llevarlo.
    
    - El tuyo, al igual que su dueña, era demasiada tentación.
    
    Cuando se retiró viéndome a los ojos, la abracé con un brazo por la cintura, le puse una mano en la nuca, y acercando mis labios a los suyos, le estampé un “beso asesino”. Por supuesto no funcionó, ni yo soy Amália, ni ella es Alfredo. Soltó una carcajada socarrona y me dijo:
    
    - Cariño, tienes mucho que aprender, todavía. – Y se alejó sonriendo.
    
    Durante la cena hemos estado conversando las dos hermanas y yo. Mientras que noto a Amália un poco más melancólica y tierna conmigo, su hermana parece que se ha calmado bastante, y me trata como a un cuñado. Si no se tuerce nada, las cosas van encauzándose razonablemente bien. Ana María me comunica que su marido ha hablado con ella por teléfono y que me tranquilice, ya que no va a haber demanda de ningún tipo por la ...
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