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Juegos Peligrosos. Capítulo # 3
Fecha: 16/08/2020, Categorías: Gays Autor: junior, Fuente: RelatosEróticos
... corriendo junto con Rodrigo a meterse en la piscina. Eso sucedió durante tres días seguidos. Y los tres días, cada noche, que salíamos de la piscina, hacíamos una fiesta en el estacionamiento. Glenda ya no salía, su padre había llegado de visita. Algo que me sorprendió, puesto que pensé que su padre se había muerto. De lejos vi al señor, y tenía cara de asesino. Rodrigo y yo seguíamos hablando. Él parecía una maquina de sexo. Todo el tiempo me miraba con ganas de tragarme completo. Bueno… no es que yo nunca lo haya mirado así. Al contrario. Me moría de ganas por verlo desnudo, tocarlo, saborearlo y olerlo. Yo también estaba bastante cachondo esos días y a eso se le añade que no podía hacer nada porque era un acto pecaminoso. Y Bla,Bla, Bla, Bla, Bla… No podía comer ni ver nada con forma de pene o cilíndrica. Porque me imaginaba a Rodrigo y a mí en ésa habitación de Caoba. ¡Un verdadero Calvario! A Rodrigo lo habían inscrito en un curso que implementaba una señora que vivía súper lejos de la residencia. Era una amiga de la señora Virginia y las clases la salían gratis. Por lo que no veía a Rodrigo hasta en la noche que llegaba y podíamos hablar un poco. Una de esas noches, estábamos hablando afuera, y él comenzó a mostrarme como movía su pene erecto a través del pantalón. Yo quería dejar de ver pero es que me tenía que levantar y caminar a la casa y eso me daba mucha flojera. El día de mi cumpleaños había llegado. Y mi mamá me quería hacer una ...
... “fiesta sorpresa” y me envió con Rodrigo a las Malditas clases de Matemática. La materia que odio más que a cualquier otra cosa en ésta vida. Cuando llegamos, la señora nos atendió muy amablemente y nos brindó un delicioso vaso con Télisto. Y unas galletas oreo. Luego Comenzó con las tareas de Rodrigo. Y todo fue muy aburrido. ¡Qué bella manera de pasar mi cumpleaños! Yo estaba sentado frente a Rodrigo, la mesa era una de plástico, de esas que son para la playa. Y solo lo miraba hacer sus tareas, se veía tan lindo cuando se concentraba. En un momento dado, la señora dijo: —Muchachos, voy a montar un poquito de café. ¿Ustedes toman? Ambos negamos rápidamente y ella se marchó. Rodrigo se volvió a concentrar en su tarea, o eso me hizo creer. Porque casi inmediatamente, con su pie comenzó a acariciar mi pierna. Sentí como un calosfrío que recorrió toda mi espalda. Y lo miré asombrado, lo miré sorprendido, y él sonrió pícaramente sin apartar la mirada de su hoja. Pero no quería apartar la pierna. Es más, sentí un impulso incontrolable de tumbar la mesa y desnudarlo allí mismo, pero me controlé, respiré profundo y aparté mi pierna. En la noche… había acabado la clase y la señora Virginia no nos había rescatado de esa casa. Hasta que repentinamente. Se fue la luz… Rodrigo y yo estábamos en la cocina con la señora que estaba haciendo unas arepas. Cuando eso sucedió. —Niños… Por favor vayan a la sala y quédense allí —Dijo la señora, orden que Rodrigo obedeció casi ...