1. Cogí con mi novia, su madre y sus hermanas (Capítulo 7)


    Fecha: 30/10/2020, Categorías: Gays Autor: felodel2005, Fuente: CuentoRelatos

    ... allí consintiéndose sin ninguna restricción. Ni siquiera se dio cuenta de que la observaba. Me alejé un poco de allí y le dije a Johnny que había algo para él en ese cuarto. El joven novio de Esperanza entró y cerró la puerta. Pasados un par de minutos, mientras buscaba el porro, los oía coger. El pendejo iba a quedar agradecido conmigo de por vida.
    
    Volví a la playa y me senté nuevamente junto a Mariano y José, bebimos por una hora más, luego fui y me senté junto a Majo. Ella dormía boca abajo, recibiendo el sol en la espalda. Aparentaba estar tranquila y relajada sobre la arena. Le di un masaje, desde luego que un masaje muy tranquilo, nada sexual. Solo un masaje que consiguiera relajarla.
    
    Era nuestra última noche allí, al otro día volveríamos a nuestra ciudad para retomar nuestras vidas luego de unas vacaciones. Majo y yo nos quedamos solos en la playa, no del todo solos, aún había gente allí pero su familia ya había regresado a la cabaña. Nos quedamos sentados a la orilla del mar por un largo rato, hasta ser las últimas dos personas que quedaban en la playa. Nos acostamos ahí mismo, en donde acaba la vida de las olas; terminaban de romperse cuando chocaban contra nuestros cuerpos. Nos besábamos, acostados, sintiendo el agua ir y venir. Luego le pedí a Majo que se acostara boca abajo, le di un masaje con mis manos y con mis labios, recorrí de arriba abajo y de abajo arriba su espalda; llegaba al límite de esta, justo donde empezaba su tanga y empezaba a rodear los ...
    ... bordes con mi lengua.Esta vez fue muy distinto el sexo con Majo, ella estaba tan relajada que me cedió totalmente la iniciativa, se relajó y dejó que yo tuviera plena libertada para complacerla como quisiera. Todo el tiempo ella estuvo boca abajo.Encendimos el porro mientras yo la cogía, resultaba un poco complejo coordinar entre coger y fumar sin permitir que el porro se mojara. Una vez que terminamos el porro seguimos moviéndonos, lo hacíamos muy lento, queríamos que la última vez que lo hacíamos en esa playa durara mucho. En esta oportunidad no corrimos con la mala fortuna de la anterior ocasión; no pasó gente, por lo menos no mucha, apenas un vendedor de ostras que terminaba su jornada de trabajo y una pareja de novios que caminaba al borde de la playa. Igual no nos importó.
    
    Una vez que terminamos volvimos a la cabaña, a empacar nuestro equipaje y luego a dormir, estábamos agotados y sabíamos que el siguiente día sería el retorno, un día muy largo.
    
    Continuamos nuestra vida normal. Yo seguí saliendo con Majo, haciendo caso omiso de la advertencia de su madre. No pensaba terminar con ella y en caso de que su madre hiciera lo imposible para acabar con nuestra relación, yo haría lo mismo para que esto no ocurriera. De todas formas, parecía que esto ya no era relevante para esta mujer. Siempre que pasaba por su departamento buscando a Majo, me recibía, me hablaba y me atendía muy bien, era como si hubiera olvidado lo que había ocurrido durante esas vacaciones o quizás como ...
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