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El que la sigue, la consigue
Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos
... que habían salido disparados del ojal de mi verga sobre el brazo o el vestido. Estas y parecidas situaciones se repitieron unas veinte o treinta veces. Después del doloroso fallecimiento de mi esposa pasaron un par de meses hasta que volví a la carga esta vez de modo definitivo. Una tarde, al levantarme de una siesta, me aparecí desnudo del todo en el salón donde ella estaba y le dije sin más preámbulo: "Elvira, voy a follarte ya". Me acerqué a ella, empecé a quitarle la ropa y comprendí que iba a ser definitivamente mía cuando no opuso la más mínima resistencia. La senté en el sofá y le separé las piernas lo más posible. Al fin pude mirarla a mis anchas, largo y tendido, recostada ahí con los atributos de su feminidad mostrados en su plenitud y observados por mis ojos con descaro. "Levántate, quiero mirarte a placer", le dije. Ella obedecía dócilmente con una cierta sonrisa, no sé si de éxtasis o de timidez. Le cogí las manos y se las puse en la nuca echándole los codos bien atrás para que sus pechos quedaran bien expuestos. "Separa las piernas lo más que puedas", añadí. Mientras la mantenía largo rato en esa postura me agaché también y, arrodillado o sentado en el suelo, le estuve inspeccionando detenidamente el ojal de su culo abriendo bien sus nalgas por detrás, luego le hice poner un pie en una silla para que se abriera bien ante mis ojos y comencé a ordenar su escasa pelambrera y a manosear la raja de su coño mientras hacía comentarios obscenos de lo que ...
... iba viendo y tocando. La senté otra vez en el sofá y me dirigí al vídeo para poner una película porno sentándome a su lado. A las primeras escenas tomé su cabeza y le obligué a mamármela: lo hacía con verdadero frenesí! —¿Te gusta cómo usan a esas hermosas putas de la película? —Sí... sí... mucho. —¿Verdad que están cojonudas? —Sí, están riquísimas. Ya lo creo. —¿Con cuál de ellas te gustaría hacértelo? —Ay, hombre, qué cosas dices! —Sé sincera y déjate de hipocresías, anda. —No sé, bueno, pues con esa rubita. —¿Te gustaría tocarla y que te mamara la raja, eh? —Sí, sí… —Así me gusta, que seas una guarra. Anda, Elvira, saca más fuera el culo para ofrecerme mejor tu chocho, que te lo voy a masturbar. Seguí haciendo comentarios acerca de la longitud de aquellos nabos que se ensartaban en los orificios de aquellas espléndidas y sumisas hembras: "mira cómo la tiene ése, está para comérsela... ya me gustaría a mí también que me agarrara un tío así y que hiciera conmigo lo que le apeteciera... Y mamársela bien para tragarme toda su lefa blanca y espesa...". Nos gustaba especialmente mirar cómo ellos se sacaban la verga de los chochos en el momento de correrse y se vaciaban en las bocas y rostros de las chicas, haciendo comentarios totalmente lujuriosos. Ella obedecía en todo. Era, por fin, mía. Y yo me volvía loco mirando cómo crecía su excitación mientras yo le acariciaba su clítoris inflamado arriba y abajo por medio de su mata de pelo; la ...