1. El que la sigue, la consigue


    Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos

    ... masajeaba observando su rostro, hasta que le hacía estallar, jadear de placer incontenible... le faltaba la respiración y no sabía dónde mirar mientras sus pulmones buscaban aire ansiosamente para poder soportar las oleadas del gusto que se adueñaba de cada célula de su cuerpo que se agitaba golpeando y apretándose contra el mío a cada espasmo. No era de las que gritan cuando jadean, no, pertenecía al género de las se ahogan y todo aire que aspiran es poco para ir atravesando el dulcísimo trago del placer que les devora las entrañas.
    
    Me gustaba mucho -y me sigue gustando- escribir relatos eróticos. Muchos son autobiográficos, otros inventados. Siempre que acababa alguno se lo daba a Elvira para que me lo leyera ella y, a la vez que se enteraba de lo que había escrito, me excitaba oír de su boca todas aquellas procacidades e intimidades sexuales que yo narraba. Por supuesto que ella se excitaba muchísimo y cuando acababa la lectura procedíamos a desfogar nuestra excitación y quedarnos satisfechos. Le encantaba leer esos relatos aunque a veces se escandalizara con sus contenidos tan obscenos y procaces.
    
    Algunas veces le anunciaba de un día para otro nuestra actividad sexual: "Mañana por la tarde quiero que estés preparada porque voy a usarte". Se lo decía así para provocar en ella la expectación durante 24 horas de que iba a tener sexo, y también para inculcarle que era yo quien mandaba en esa relación que tanto había trabajado. Al día siguiente por la tarde me acercaba ...
    ... a ella y le decía "Venga, prepárate que voy a empezar...". Entonces ella se reía, hacía como desobedecía pero iba de inmediato dócilmente al baño a lavarse bien sus rajas y por fin a su habitación a ponerse un vestido de falda holgada, braguitas negras diminutas que yo le había dicho que se comprara a juego con un sujetador. Regresaba ya preparada, ofreciéndose a mí como cualquier prostituta. Toda mujer, cualquier chica, lleva una fantástica puta dentro: sólo hay que dominarlas para ir sacándosela fuera. Yo la tomaba por los brazos y la colocaba contra una mesa que pegaba a una pared, mientras le explicaba lo que iba a hacerle:
    
    —Así me gusta, que hayas aprendido a ofrecerte.
    
    —Sí, sí, úsame como a una puta, decía ya ella completamente salida.
    
    —Ahora apoya el culo contra el borde de la mesa para que no puedas recular mientras te sobo. Y el resto de explicaciones se lo daba a cierta distancia porque yo me sentaba en el sofá a unos tres metros de ella.
    
    —Vas a aprender a ofrecer bien tu carne: mejor que una puta profesional. Separa mucho las piernas y flexiónalas un poco para abrir más hueco en tu entrepierna. Así, muy bien. Pon las manos a la espalda para que tus tetas queden más erguidas, los codos hacia atrás y mientras te hurgo en la raja del chocho no puedes agarrarte a mí, permanece así incluso cuando te corras de gusto, ¿me oyes?
    
    Era genial y excitante observar cómo esa mujer a la que durante años había ido preparando estaba delante de mí, sumisa y ansiosa de ...
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