1. El que la sigue, la consigue


    Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos

    ... que le diera placer, de la que la tomara a mi gusto e hiciera con ella lo que me viniera en gana. Yo la miraba unos minutos mientras me fumaba un cigarrillo, así, de pie, vestida, con las piernas abiertas, un poco en cuclillas y las brazos hacia atrás ofreciéndose entera y esperando cualquier cosa que yo quisiera hacer con su cuerpo. Después de un buen rato de gozar esa presencia sumisa me acercaba y sin el menor preámbulo ni miramiento alguno me ponía a su lado, metía una mano por debajo de la falda y de la braga y empezaba a sobarle el chocho, el culo y las tetas con el mayor descaro de que era capaz, poniéndola de guarra y de puta para arriba. Obedeciendo mis estrictas órdenes ella no movía un ápice su postura: sólo los meneos que yo imprimía a su cuerpo con los bruscos hurgamientos de mi mano, principalmente en su chumino. Yo disfrutaba sobándola bien todo el triángulo de su ya poco poblada pelambrera, su húmeda raja, hasta que ya me dedicaba a frotar la inmensa pepita de su clítoris con movimientos de arriba abajo o en círculo, observando cómo se iba excitando cada vez más hasta que no pudiendo aguantar más se corría explotando de placer; pero ni aun entonces variaba su postura: gozaba del orgasmo jadeando como una loca sin alterar lo más mínimo la posición de su cuerpo. Una vez que la había hecho gozar así, la mantenía aún unos minutos más en esa postura, expectante hasta que yo mismo me volvía a acercar para desnudarla ya, usarla a mi antojo cebándome de lujuria y ...
    ... corrernos ambos más veces y más libremente.
    
    Normalmente a mí me gustaba y me gusta prolongar durante horas y horas las sesiones de sexo. Siempre me invento infinidad de cosas para ello. Y una de las más sabrosas es hablar con lo otra persona para que te revele sus fantasías, sus deseos más ocultos, sus experiencias sexuales o su iniciación al mundo del sexo. Es un arte bonito ir pervirtiendo a la otra parte para que use las palabras más procaces y desvergonzadas que todos tenemos buen cuidado de evitar en las conversaciones ordinarias pero que conocemos de sobra y pronunciamos en nuestro interior cuando estamos excitados.
    
    —Cuéntame cómo te usaba tu marido.
    
    —Ay, pues no sé. Lo normal... no?
    
    —Supongo que además de joderte a veces te pedía que lo masturbaras, ¿verdad?
    
    —Sí, claro.
    
    —¿Cómo lo hacías? Pues me llevaba al salón cuando no estaban los niños en casa, se sentaba desnudo en una butaca con las piernas abiertas y yo tenía que cogérsela con una mano y se la movía arriba y abajo hasta que él ya no podía más y le salía toda la leche a borbotones. Por cierto, una pregunta: ¿para qué os corráis hay que haceros siempre mucho sube y baja con la mano?
    
    —Depende. Si ya estamos muy excitados con fantasías, imágenes o frotamientos previos, a veces basta con dos o tres golpes para sacarnos el engrudo. Si no, se requieren veinte, treinta; incluso cien o doscientos meneos arriba abajo. En eso estamos igual que vosotras: en ocasiones os dais dos tres friegas a vuestra ...
«12...121314...24»